jueves, 28 de diciembre de 2017

Relato: Excesos y defectos





Excesses and defects


After the sumptuous dinner she felt slightly unwell and went out to the bathroom for a moment. She could feel her hot head, wetting her face with cool water did her good. She lay for a moment on the sink, staring straight at the face returning by the mirror. She knew that weather-tanned face well. She was not afraid to look at it, though aroused her curiosity and a hint of wonder. The Christmas holidays of the last few days had been full of family and social events with an calories overloaded   and an excess of gifts and unnecessary expenses. Too much noise, she thought. And there she was, wrecking her thirst for meaning and love in the midst of a toilet. Despite being surrounded, she was irretrievably alone, and the worst of it all is that she knew she had abandoned herself completely.




Tras la opípara cena se sintió levemente indispuesta y se ausentó un momento al baño. Notaba la cabeza acalorada y mojar la cara con agua fresca la hizo bien. Se quedó un momento apoyada en el lavabo mirando de frente el rostro que devolvía el espejo. Conocía bien esa cara curtida por el tiempo. No le daba miedo mirarla, más bien la suscitaba curiosidad y una pizca de asombro. Las fiestas navideñas de los últimos días habían venido cargadas de eventos familiares y sociales con sobrecarga calórico-protéica y un exceso de regalos y de gastos superfluos. Demasiado ruido, pensó. Y ahí estaba ella, naufragando en un aseo su sed de sentido y encuentro. Pese a estar rodeada estaba irremisiblemente sola y lo peor es que sabía que ella misma se había abandonado por completo.




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Després de l'opípar sopar es va sentir lleument indisposada i es va absentar un moment al bany. Notava el cap acalorat i mullar la cara amb aigua fresca la va fer bé. Es va quedar un moment recolzada en el lavabo mirant de front el rostre que retornava el mirall. Coneixia bé aquesta cara adobada pel temps. No li feia por mirar-la, més aviat la suscitava curiositat i un polsim de sorpresa. Les festes nadalenques dels últims dies havien vingut carregades d'esdeveniments familiars i socials amb sobrecàrrega protéica i un excés de regals i de despeses supèrflues. Massa soroll, va pensar. I aquí estava ella, naufragant en una condícia la seva set de sentit i trobada. Malgrat estar envoltada estava irremissiblement sola i el pitjor és que sabia que ella mateixa s'havia abandonat per complet.

martes, 26 de diciembre de 2017

Sanar la Navidad





El tiempo de Navidad es emocionalmente complejo:

  1. Se hace mucha vida en familia extensa incluyendo familia política.
  2. Las ausencias pesan especialmente.
  3. Se rememoran recuerdos y emociones intensas.


Está claro que no suele dejar a casi nadie indiferente, hay grandes defensores y grandes detractores. En cualquier caso tómatelo con calma y regálate algún paseo y mucha fruta para compensar los excesos dietéticos. Recuerda que el mejor regalo que puedes hacer a tus seres queridos es tu tiempo y atención, exáctamente lo mismo que a tí mismo.

Un servidor pasa estos días trabajando en el centro de salud sacando adelante el trabajo lo mejor que puedo. No son días fáciles para los profesionales de la salud, por un lado por la epidemia habitual de enfermedades invernales y por otro por las múltiples ausencias de personal de vacaciones que nunca se cubren. El conocido caos sanitario invernal que políticos y gestores no tienen voluntad de arreglar.

En lo posible no acudan a urgencias hospitalarias por cuestiones menores ni al centro de salud si su catarro puede ser manejado en casa con medidas habituales (aquí te dejo unos consejos para ayudarte a hacerse con él).

Permíteme felicitarte las Navidades y desearte lo mejor para este momento, estés dónde estés y hagas lo que hagas. Respecto al año nuevo esperaremos que traiga mucha luz y que seamos capaces de asumir las consiguientes sombras.




viernes, 22 de diciembre de 2017

Is it worth creating narratives? Merece la pena crear narrativas




Is it worth creating narratives?
Are they good for anything?


The most advanced technology created by humans is language. No modern invention exceeds its potential. It is true that we can travel to the moon or carry a computer in our pocket, but without language we would still be stuck in caves.

Societies create narrative frameworks that draw on memories, archetypes, heroes and mythologies. On this cultural layer, the individual will grow up incorporating family narratives from which the own ones will emerge. The ideas of the world and of oneself therefore have a common basis.

When adversity touches us, we go to our narrative reservoirs looking for answers, meaning and direction. Vital crises force us to weave new narratives, this time in the first person. It is not an easy task. We are all afraid to face fear, sadness or anger, and also what we think threatens or worries us. We usually defend ourselves by ignoring it and ignoring it, and in cases where it overflows us in a circular fashion.

No one teaches us how to deal with suffering and difficulty, since these are precisely the circumstances that will favour our growth and overcoming.

The first step when a vital crisis catches us is to become aware of it. It is perhaps the most difficult expert as we are in the art of negation, concealment and projection.

The second is to tell it, and as one's self is difficult we usually require the help of a listener. In doing so, we put into words those emotions and thoughts that we keep on our backs without being seen. To narrate is to materialize the formless, to convert into discourse the stinging magma of human suffering in order to share, understand or visualize it.

In the healing processes of all cultures, some dimension is included that favors narrative. Usually the sick person asks for help from his family or community. He begins to verbalize his discomfort or problem. If you don't find the answer, take one more step and go to a health professional. Through a clinical interview and a physical examination, the patient will enter into a dialogue in which the patient's original narrative is developed and enriched. From this point onwards, he or she will arrive at a proposal for diagnosis and treatment that will allow the person in time of illness to mark a course of action that will help him or her to emerge from the whirlwind of their life crisis.

New narrative components will emerge from the clinical encounter. The patient will tell his or her family and community what they have been told and they will give their opinion and advice in a cycle of variable length that may involve successive consultations, conversations and awareness raising.

Narrative can be oral, written or artistic expression such as music, painting or creative arts and crafts, textiles or culinary production. Everyone has their abilities, even those who define themselves as few words.

Narrating is therefore essential to find meaning, relief, rest or relief, elements for which pharmacopoeia and medical treatments do not always have an answer.

The technological explosion we are experiencing should not let us lose sight of something as important as this. When we suffer, we need to deploy the best communicative skills we have. A coffee talk or messages from Whatsapp will not be enough. Healthcare professionals may have to salvage our role in facilitating narratives. We may have to set an example by sharing our own as the humanist doctors of the last century did, combining novel and poetry writing with their sanitary obligations. What is not retractable is to remember that each one of us must form his or her own vital narrative, paying special attention to the dark night phases, which is when we need it the most. We have good examples, it is true that they are not as popular as athletes or fashion artists, but they are there, both in our families and communities and in literature, history and universal art. Let us learn from them so that we can be a help to others.




Merece la pena crear narrativas?
Sirven para algo?


La tecnología más avanzada que ha creado el ser humano es el lenguaje. Ningún invento moderno supera su potencialidad. Es cierto que podemos viajar a la luna o llevar un ordenador en el bolsillo pero sin lenguaje seguiríamos metidos en cavernas.

Las sociedades crean armazones narrativos que se ayudan de memorias, arquetipos, héroes y mitologías. Sobre esa capa cultural el individuo crecerá incorporando narrativas familiares de las que surgirán las propias. Las ideas del mundo y de sí mismo tienen pues una base común.

Cuando la adversidad nos toca acudimos a nuestros reservorios narrativos buscando respuestas, sentido y orientación. Las crisis vitales nos obligan a tejer nuevas narraciones, esta vez en primera persona. No es una tarea sencilla. A todos nos asusta mirar a la cara al miedo, la tristeza o la ira, también a lo que pensamos nos amenaza o nos preocupa. Solemos defendernos ignorándolo y en los casos en los que nos desborda dándole vueltas de manera circular.

Nadie nos enseña a manejar el sufrimiento y la dificultad siendo estas precisamente las circunstancias que favorecerán nuestro crecimiento y superación.

El primer paso cuando una crisis vital nos atrapa es tomar consciencia de ello. Es quizá lo más difícil expertos como somos en el arte de la negación, ocultación y la proyección.

El segundo es contarlo y como a uno mismo es difícil solemos requerir la ayuda de un oyente. Al hacerlo ponemos en palabras aquellas emociones y pensamientos que mantenemos a la espalda sin ser vistos. Narrar es materializar lo informe, convertir en discurso el magma urticante del sufrimiento humano para poderlo así compartir, comprender o visualizar.

En los procesos de sanación de todas las culturas se incluye alguna dimensión que favorezca la narrativa. Habitualmente el enfermo pide ayuda a su familia o comunidad. Comienza así a verbalizar su malestar o problema. Si no encuentra suficiente respuesta dará un paso más y acudirá a algún profesional de la salud. Éste, mediante una entrevista clínica y una exploración física, entablará un diálogo en el que la narrativa primigenia del paciente se va desarrollando y enriqueciendo. A partir de ella llegará a una propuesta de diagnóstico y tratamiento que permitirá a la persona en tiempo de enfermar marcar un curso de acción que le ayude a salir del remolino de su crisis vital.

Del encuentro clínico surgirán nuevos componentes narrativos. El paciente contará a su familia y comunidad lo que le dijeron y estos darán su opinión y consejos en un ciclo de longitud variable que puede implicar sucesivas consultas, conversaciones y tomas de consciencia.

La narrativa puede ser oral, escrita o ayudarse de expresión artística como música, pintura o creativa como manualidades, tejidos o producción culinaria. Cada cual tiene sus capacidades, incluso aquellos que se autodefinen como de pocas palabras.

Narrar es pues fundamental para encontrar sentido, alivio, descanso o desahogo, elementos para los que la farmacopea y los tratamientos médicos no siempre tienen respuesta.

La explosión tecnológica que vivimos no nos debería hacer perder de vista algo tan importante como esto. Cuando sufrimos requerimos desplegar las mejores capacidades comunicativas que tengamos. Una charla de café o unos mensajes de Whatsapp no bastarán. Tal vez los profesionales sanitarios tengamos que rescatar nuestro papel a la hora de facilitar las narrativas. Tal vez tengamos que dar ejemplo compartiendo las nuestras como hacían los médicos humanistas del siglo pasado compaginando la escritura de novela y poesía con sus obligaciones sanitarias. Lo que no es escamoteable es recordar que cada cual debe de conformar su propia narración vital cuidando especialmente las fases de noche oscura que es cuando más precisamos de ella. Tenemos buenos ejemplos, es verdad que no son tan populares como los deportistas o artistas de moda pero ahí están, tanto en nuestras familias y comunidades como en la literatura, historia y arte universal. Aprendamos de ellos para poder ser nosotros una ayuda para otros.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Aprender a morir












Los seres humanos hemos sofisticado bastante una de las capacidades que nos han traído hasta aquí: el aprendizaje. Sin embargo nadie nos enseña formalmente a amar, manejar emociones, decidir o tomar consciencia. Tampoco a morir.

Como médico me interesa mucho la muerte. Se supone que todo lo que hago va dirigido a retrasarla. Tampoco los profesionales de la salud hemos recibido formación para ayudar a otros a morir. Es verdad que sabemos de cuidados paliativos y tenemos técnicas y medicaciones que facilitan el proceso de morir, pero hay aspectos cualitativos que no están presentes en la formación académica ni tampoco en la práctica clínica. Sabemos poner morfina subcutánea pero no se nos da tan bien el acompañamiento o la facilitación de este tiempo de vida tan delicado.

Tras terminar de leer Las cinco invitaciones de Frank Ostasesky lo primero que me surge es recomendar vehementemente su lectura. El autor dirige un hospicio en San Francisco donde lleva acompañando personas en el final de la vida desde hace treinta años. El libro resume su valiosa experiencia y permite que cada cual se acerque a su propia vida e impermanencia a su manera. Es una obra honrada escrita en primera persona donde queda clara la calidad humana del autor. No esperen recetas ni charlas magistrales, tan solo cinco sencillas invitaciones:






  • No esperes.
  • Da la bienvenida a todo, sin rechazar nada.
  • Aporta todo tu ser a la experiencia.
  • Encuentra un lugar de descanso en medio de los acontecimientos.
  • Cultiva una mente que no sabe.



  • Merece la pena atreverse a mirar a la muerte para arriesgarnos a tener una vida plena. El autor nos lo sugiere con el texto. Como lector doy fe de que se puede mirar la propia levedad cuando alguien nos da la mano y con paciencia facilita que nos hagamos las preguntas adecuadas.









    How can we learn to die?



    We human beings have sophisticated enough one of the capabilities that have brought us here: learning. However, no one formally teaches us to love, manage emotions, decide or become conscious. Nor to die.

     As a doctor, I'm very interested in death. Everything I do is supposed to slow it down. Nor have health professionals been trained to fully help others die. It is true that we know about palliative care and we have techniques and medications that facilitate the process of dying, but there are qualitative aspects that are not present in academic training or clinical practice. We know how to use subcutaneous morphine but we are not as good at accompanying or facilitating this delicate lifespan. 

    After I have finished reading The Five Invitations of Frank Ostasesky, the first thing that comes to mind is to strongly recommend his reading. The author directs a hospice in San Francisco where he has been accompanying people at the end of life for thirty years. The book sums up their valuable experience and allows everyone to approach their own life and impermanence in their own way. It is an honest work written in the first person where the human quality of the author is clear. Don't expect recipes or masterly talks, just five simple invitations:


    •  Don't wait.
    • Welcome everything, without rejecting anything. 
    • Bring your whole being to the experience. 
    • Find a resting place in the middle of events. 
    • Cultivate a don't know mind. 



     It is worthwhile to dare to look at death to gain a full life. The author suggests it with the text. As a reader, I attest that one can look at one's own impermanence when someone gives us a hand, and patiently helps us to ask ourselves the right questions.

    lunes, 18 de diciembre de 2017

    Afinar el encuentro






    Una de las consecuencias de la sanidad industrial de los países es el progresivo deterioro del encuentro clínico.  La sobrecarga de los profesionales de la salud con hiperburocracia o saturación de agendas, los sistemas de información mal diseñados, las múltiples interrupciones, la prisa, las esperas, la mala coordinación entre niveles...

    Estamos en una pendiente resbaladiza a la que se le está restando financiación, lo que aumenta el desnivel.



    Apunto cuatro consecuencias:

    1. Aumento del sobrediagnóstico y el sobretratamiento en los que reciben asistencia (más yatrogenia y problemas de seguridad del paciente).
    2. Aumento de las desigualdades en salud
    3. Aumento de la sobrecarga y el queme profesional en los sanitarios.
    4. Aumento del gasto por sobreuso y mala gestión.



    Abogo por desindustrializar los cuidados. Eso precisará:

    1. Conciencia social y uso mejorado del sistema sanitario.
    2. Mejor gestión y finaciación del mismo.
    3. Protección del profesional de la salud para que pueda trabajar con seguridad y sin sobrecarga.
    4. Responsabilización del ciudadano de su salud y enfermedad.