domingo, 27 de septiembre de 2020

Nadar en la segunda ola.








En el imaginario colectivo tiene una presencia generalizada esas olas gigantes que arrasan todo a su paso. Aunque sean pocos los que hayan tenido la desgracia de encontrarse con una, nos es fácil imaginar a los demás de qué va la cosa. Una situación imprevista que arrasa todo lo que encuentra y de la que es imposible escapar. 

En febrero nos pilló a todos una de esas olas gigantes. Fue tal el desbarajuste que tuvimos que permanecer encerrados en casa desde el 15 de marzo al 21 de junio, tres meses que se hicieron muy largos. Luego la cosa parecía haber quedado tranquila y volvimos a una “nueva normalidad” que se parecía bastante a la anterior. Nadie hizo gran cosa a parte de usar mascarilla en lugares públicos y poco más. Las autoridades también hicieron poco. Ni se reforzó con rastreadores, ni se potenció la Atención Primaria ni se hicieron campañas institucionales informativas. Tan solo bronca política retransmitida a todas horas por todos los medios. 

En septiembre tenemos aquí la segunda ola. Algo que todos sabíamos que vendría y que ha quedado claro no hemos sabido evitar. ¿Era evitable? Probablemente no, pero sí podría haber sido de menor intensidad de haberse tomado alguna medida más. 

En cualquier caso ganamos poco si perdemos el tiempo acusando a tirios o troyanos ya que ambos han sido negligentes por una u otras razones. Es más interesante centrarse en lo que sí se puede hacer.


1. Minimizar la presencia en lugares públicos concurridos. 
2. Uso de mascarilla en presencia de otras personas, aunque sean amigos cercanos o familiares no convivientes.
3. Lavado de manos frecuente. Si usa transporte público o trabaja fuera de casa lleve su propio gel.
4. Distancia prudente en presencia de otros. Reuniones con pocas personas, priorizando al aire libre. 
5. Uso prudente de medios de comunicación y redes sociales, no se envenene.
6. Uso prudente, solo si es imprescindible, de los servicios sanitarios que van a saturarse si no lo están ya. Si su consulta no es urgente espere a que pase la emergencia.
7. En caso de tener síntomas (fiebre, tos, malestar) quédese en casa y evite el contacto con otros. Si tienen que contactar con su centro de salud y no le cogen el teléfono mande una nota con alguien o una carta postal.


Como no es esperable que nuestras autoridades se lo cuenten, un servidor hará una modesta campaña informativa a sus pacientes por medio de este artículo, redes sociales y carteles. Tal vez si conseguimos que alguno más lo lea evitemos un contagio o un disgusto a una familia. Creo que merece la pena, hay mucho por hacer y todo el mundo tiene su responsabilidad. Si le apetece compartirlo puede hacerlo.














sábado, 26 de septiembre de 2020

La ínsula











Dedicado al Dr. Julio González y a todos los que con él comparten esta suerte cervantina. 




Para Sancho Panza su arriesgada apuesta de acompañar a don Quijote estaba justificada por el premio a recibir: una ínsula de la que sería gobernador. Un objetivo que le sacase de su humilde condición y le permitiera entrar en el selecto mundo de los ilustres. Cervantes nos describe con detalle la gran lista de padecimientos que habrá de padecer para solaz de los lectores que asistirán a una narración divertida donde los personajes vivirán todo tipo de desventuras. 

En el mundo sanitario pasa algo parecido. La ínsula que se nos promete a los médicos de familia es la plaza fija, ese dorado que todos desean epítome de la estabilidad, la abundancia y el reconocimiento social. Y al igual que el desdichado escudero tendremos que padecer manteos, hambres, falta de medios, golpes y palos. No faltarán aventuras en las que seremos objeto de risas y burlas de otros, suframos engaños, sustos, timos, pedradas y demás desgracias. 

Lo habitual es pasar varios años atravesando el desierto de la precariedad laboral. Contratos de un día, de refuerzo, de guardias, que implican cambiar constantemente de consulta, no cobrar los fines de semana, hacer turno de noche o guardias que encadenan varios turnos seguidos, no cobrar los suplementos que corresponderían y otras muchas pendencias. 

La siguiente fase suele suponer una mejora parcial de contrato, hasta que se consigue una interinidad en algún destino poco apetecible por lejanía al domicilio, ser un consultorio con poco personal o por la complejidad de la población a atender. En las comunidades que tienen turno de tarde habrá que resignarse a trabajar en él durante décadas, lo que supone una catástrofe para todos los que tengan hijos o hijas pequeños. 

Algunas décadas más tarde suele llegar la ansiada oposición que, tras prepárala y superarla, nos permita acceder a una plaza fija. En muchos casos nos tocará volver a empeorar el destino alejándonos de casa o teniendo que asumir un cambio poco apetecible para seguir asumiendo una carga elevada de trabajo, cosa que variará poco allá donde vayamos. 

El éxito final podría ser el conseguir un destino próximo al domicilio en turno de mañana, cosa imposible antes de los cincuenta años. Pero los laureados que perseveran y lo consiguen seguirán asumiendo trabajo a paladas hasta que el cuerpo aguante. Eso sí, gastando algo menos de gasolina. 

Otros compañeros, seguramente más sagaces, viendo el percal eligen otras rutas y marchan a otros países donde recibirán mejor trato con trabajo más proporcional y mejores sueldos. No hay que irse muy lejos, en Portugal se gana un 50% más que aquí y en Francia un 100%, lo que condiciona una sangría de personal que dentro de unos años será funesta para muchos pueblos y barrios que verán resentida su asistencia.

Durante el viaje de Sancho hay muchos momentos de duda en los que expresa su deseo de volver a casa y abandonar del todo la aventura. En ellos es su amigo el que le da ánimos y suaviza su miedo. También nos pasa a nosotros, con esa parte quijotesca que es necesario desarrollar para meterse en lides sanitarias. Sin embargo hay cuestiones inesperadas que pueden romper cualquier relato, una pandemia por ejemplo. La que vivimos le está dando la vuelta a todo nuestro mundo y la paliza que estamos recibiendo en sanidad se sale de toda proporción. Sin duda se llevará por delante a una mayoría de Quijotes y producirá graves heridas en los restantes Sancho Panzas.

Nadie sabe bien cómo terminará la historia, pero si pagan a los personajes como pagaron a su autor no auguro gran felicidad, en esta tierra nunca fuimos demasiado generosos con las manos que nos cuidan.





viernes, 25 de septiembre de 2020

Interpretar. Interpreting. 口譯









Una de las muchas cosas que hemos metido en un baúl junto a religiones, códigos morales y ciertas costumbres tradicionales, ha sido la hermenéutica. Durante muchos siglos se dedicaron grandes esfuerzos a traducir, explicar e interpretar los textos sagrados de las distintas tradiciones, lo que explica que la mayoría de lo exégetas pertenecieran al ámbito clerical. Fue en el último siglo cuando  varios filósofos y pensadores realizaron valiosos aportes que impulsaron la disciplina y la expandieron más allá de la teología. 

Ahora, sin embargo, las personas de a pie no tenemos mucha ayuda a la hora de traducir, explicar o interpretar lo que nos está pasando como sociedad. Recibimos un enorme caudal de información pero no viene acompañada de su correspondiente análisis, y el que emiten periodistas, contertulios o supuestos expertos no parece servirnos de gran cosa. 

Cada época ha tenido una narrativa que la ha sustentado basada en una cosmología y una antropología. El ser humano era una criatura entre el cielo y el suelo con un sentido y un deber. Los guardianes de estas narrativas han sido durante siglos las religiones. La crisis del ámbito religioso ha supuesto una pérdida de asideros para muchos que han perdido su narrativa de referencia familiar, local o social y no la han podido sustituir por otra consistente. 

Es cierto que hay numerosas narrativas laicas, ateas o científicas, nacionalismos, populismos y partidismos, pero no son de talla universal, pueden servir a algunos pero no a todos. Y que tendremos que asumir que la narrativa digamos oficial, o asumida por la mayoría, basada en el libre mercado, el consumo y la búsqueda del bienestar no da respuesta a las cuestiones básicas existenciales.  

Por otro lado experimentamos en estos momentos un cambio global que es muy difícil de explicar desde dentro del sistema. Hay que tomar distancia para conseguir cierta perspectiva. 

Intentaré explicarlo poniendo como ejemplo la llegada de barcos europeos a territorios americanos o asiáticos remotos. Al entrar en contacto dos culturas diferentes se produjo una reacción explosiva de intercambio similar a poner dos medios químicos diferentes separados por una membrana. Los iones y sales comienzan un baile de un lado a otro hasta que la situación queda de nuevo en equilibrio. Mientras más diferencia cultural el proceso es más violento. 

En nuestro tiempo pasa lo mismo desde que empezó el proceso de globalización en la segunda mitad del siglo pasado. El mundo no globalizado de nuestros abuelos, que vivieron en una dictadura con sus correspondientes narrativas, saltó por los aires con los cambios políticos, sociales y económicos que vinieron después. Los más mayores son testigos de excepción y nadie les está pidiendo ayuda para tratar de entender qué valores vivieron entonces y qué nos está faltando ahora. 

La globalización ha hecho que mejoremos en lo económico, tengamos mejores coches, un móvil en el bolsillo, tecnología y pantallas por doquier y un infinito catálogo de entretenimiento. Pero al igual que esos conquistadores con sus armaduras y sus barcos llenaban las manos de los ingenuos lugareños con baratijas, el verdadero oro se lo siguen llevando y los trabajos desaparecen de nuestro entorno por arte de magia para aparecer en remotos lugares invisibles pero cada vez más poderosos que se están constituyendo como nuevo centro del imperio. También desaparecen los mejores trabajadores, los más dotados, atraídos como abejas a nuevos prados llenos de flores y oportunidades. 

Las fuerzas del mercado y la globalización son inmisericordes. Tienden a destrozar las instituciones públicas y las redes de soporte de la sociedad donde posan las manos. Mientras menos servicios públicos y más desigualdad social haya mejor para sus intereses, venderán más y harán más esclavos. Porque esa es la idea, no hay imperio que no se sostenga sin esclavos, aunque la palabra no sea políticamente correcta. 

La defensa de las sociedades europeas, entre otras, es la emisión de deuda para ir tapando los agujeros y las grietas que van apareciendo. Pero es una huída hacia adelante, todos saben que llegará un punto en el que no será posible seguir jugando en esa dirección. Se está comprando tiempo ante un desastre de grandes proporciones que nadie quiere ni imaginar. El problema es que los retos del cambio climático, el modelo extractivo de relación con el entorno, la falta de conciencia ecológica y de respeto a otras especies, el abuso de combustibles fósiles y sobre todo el egoísmo y la ignorancia humanas nos están llevando a un callejón sin salida. 

En esas estamos cuando aparecen una pandemia de grandes proporciones que se lo lleva todo por delante, dado que no hay sistema sanitario que sea capaz de controlarla, y todo parece saltar por los aires. Nos damos cuenta de lo vulnerables que somos y lo fácil que es perder la salud o la vida. Nos damos cuenta de la levedad de nuestros derechos y libertades, de lo rápido que desparecen y de lo mucho que valen cuando no los tenemos. Nos damos cuenta de que como sociedad somos muy limitados, no conseguimos entendernos, ponernos de acuerdo ni trabajar unidos. Nos damos cuenta de que es más fácil insultar al que piensa distinto que tratar de escucharle y ponernos después a su lado para apagar el fuego que nos amenaza a ambos. Nos damos cuenta de la fragilidad de nuestras instituciones, incapaces de dar una respuesta suficiente ante cualquier reto que se salga del follón habitual. 

La impotencia y el enfado caracterizan hoy al ciudadano medio que ve como todo arde a su alrededor sin que aparentemente pueda hacer gran cosa, mientras le escatiman derechos y servicios públicos delante de sus narices. Sin embargo sí hay algo importante que todos podemos hacer: para un momento y pensar. Darnos cuenta de qué es importante para cada cual, darnos cuenta de cómo nos relacionamos con nuestra comunidad y cómo podríamos mejorar esa relación. Darnos cuenta de que el bien común tal vez sea más importante que el personal. Darnos cuenta de que si no aportamos valor, trabajo, reflexión, ayuda, conciencia y compasión a los que nos rodean, tal vez seamos responsables de lo que está pasando. 

Nos va a tocar reiniciar muchas cosas, para ello será imprescindible entender lo que pasa. Si una vez comprendido queremos ayudar habrá que hacerlo con el modo de vida, con nuestra forma de tratar al entorno y a los demás, con una visión que ponga en el centro el bien común y sea respetuosa con el medio. 

Seguramente para este proceso necesitemos nuevas narrativas que beban de las antiguas, y mantener una hermenéutica que nos ayude a ir explicando el caos, que invariablemente se acercará a nosotros. 







Interpreting


One of the many things we have put in a boot along with religions, moral codes and certain traditional customs, has been hermeneutics. For many centuries, great efforts were made to translate, explain and interpret the sacred texts of the different traditions, which explains why most of the exegetes belonged to the clerical sphere. It was during the last century that several philosophers and thinkers made valuable contributions that boosted the discipline and expanded it beyond theology. 

Now, however, we ordinary people do not have much help in translating, explaining or interpreting what is happening to us as a society. We receive an enormous amount of information but it is not accompanied by a corresponding analysis, and the information issued by journalists, tv tertulians or supposed experts does not seem to be of much use to us. 

Each era has had a narrative that has sustained it based on a cosmology and an anthropology. The human being was sensed as a creature between heaven and earth with a sense and a duty. The guardians of these narratives have for centuries been the religions. The crisis in the religious sphere has meant a loss of grip for many who have lost their narrative of family, local or social reference and have not been able to replace it with a consistent one. 

It is true that there are many secular, atheistic or scientific narratives, nationalisms, populisms and partisanships, but they are not universal in stature, they may serve some but not all. And that we will have to assume that the narrative we say is official, or assumed by the majority, based on the free market, cree consumption and the search for well-being does not provide answers to basic existential questions.  

On the other hand, we are currently experiencing a global change that is very difficult to explain from within the system. We have to take a step back in order to get some perspective. 

I will try to explain this by giving the example of the arrival of European ships in remote American or Asian territories. When two different cultures came into contact, an explosive exchange reaction took place, similar to putting two different chemical media separated by a membrane. The ions and salts start a dance from one side to the other until the situation is in balance again. The more cultural difference the process is more violent. 

The same thing has happened in our time since the process of globalisation began in the second half of the last century. The non-globalised world of our grandparents, who lived in the spanish dictatorship with its corresponding narratives, was blown up by the political, social and economic changes that followed. The elderly are exceptional witnesses and no one is asking them for help in trying to understand what values they lived by then and what we are lacking now. 

Globalisation has made us better off economically, with better cars, a mobile phone in our pockets, technology and screens everywhere and an infinite catalogue of entertainment. But just as those conquerors with their armour and their ships filled the hands of the naïve villagers with trinkets, real gold continues to be taken away and jobs disappear from our surroundings by magic to appear in remote, invisible but increasingly powerful places that are becoming the new centre of the empire. The best workers, the most gifted, also disappear, attracted like bees to new meadows full of flowers and opportunities. 

Market forces and globalisation are merciless. They tend to destroy the public institutions and the support networks of society where they lay their hands. The fewer public services and the more social inequality there is, the better for their interests, the more they will sell and the more they will enslave. Because that is the idea, there is no empire that cannot be sustained without slaves, even if the word is not politically correct. 

The defence of European societies, among others, is the issuance of debt to fill in the holes and cracks that are appearing. But it is a flight forward; everyone knows that a point will come when it will no longer be possible to play in that direction. It is buying time in the face of a disaster of great proportions that nobody wants to imagine. The problem is that the challenges of climate change, the extractive model of relationship with the environment, the lack of ecological awareness and respect for other species, the abuse of fossil fuels and above all human selfishness and ignorance are leading us down a blind alley. 

This is where we are when a major pandemic appears and takes everything with it, as there is no health system capable of controlling it, and everything seems to be blown up. We realize how vulnerable we are and how easy it is to lose our health or our lives. We realize how light our rights and freedoms are, how quickly they disappear and how much they are worth when we don't have them. We realise that as a society we are very limited, we cannot understand each other, agree or work together. We realise that it is easier to insult someone who thinks differently than to try to listen to him and then stand by him to put out the fire that threatens us both. We realise the fragility of our institutions, unable to respond sufficiently to any challenge that goes beyond the usual mess. 

Powerlessness and anger characterise today's average citizen who sees everything burning around him without him being able to do much apparently, while rights and public services are being squeezed out from under his nose. However, there is something important that we can all do: stop for a moment and think. Realise what is important to each of us, realise how we relate to our community and how we could improve that relationship. Realise that the common good may be more important than the staff. To realise that if we do not bring value, work, reflection, help, awareness and compassion to those around us, we may be responsible for what is happening. 

We are going to have to restart many things, and to do this it will be essential to understand what is happening. If, once we understand, we want to help, we must do so with our way of life, with our way of treating the environment and others, with a vision that puts the common good at the centre and is respectful of the environment. 

Surely for this process we need new narratives that drink from the old ones, and maintain a hermeneutic that helps us to explain the chaos, which will invariably come to us. 








口譯


詮釋學是我們與宗教,道德準則和某些傳統習俗一起投入的眾多事物之一。許多世紀以來,人們為翻譯,解釋和解釋不同傳統的神聖文本付出了巨大的努力,這解釋了為什麼大多數的祖籍都屬於文書領域。在上個世紀中,幾位哲學家和思想家做出了寶貴的貢獻,從而推動了該學科的發展,並將其擴展到了神學之外。

但是,現在,我們普通百姓在翻譯,解釋或解釋我們作為一個社會正在發生的事情時並沒有太多幫助。我們收到了大量的信息,但是沒有相應的分析,而且新聞工作者,電視專家或所謂專家發布的信息對我們似乎沒有多大用處。

每個時代都有自己的敘述,這些敘述基於宇宙學和人類學而得以維持。人們被感知為天地之間的生物,具有一種理性和責任感。這些敘事的守護者幾個世紀以來一直是宗教。宗教領域的危機意味著許多人失去了對家庭,當地或社會參照的敘述,而無法用一貫的敘述代替它,這使他們失去了控制。

的確,有許多世俗的,無神論的或科學的敘述,民族主義,民粹主義和黨派立場,但它們在地位上並不普遍,它們可以為部分但並非全部服務。而且,我們將不得不假設,我們所說的敘述是官方的,或者是由大多數人根據自由市場,平民消費和對福利的追求而得出的,並不能回答基本的存在性問題。

另一方面,我們當前正在經歷一個全局變化,很難從系統內部進行解釋。我們必須退後一步以獲得一些觀點。

我將通過舉例說明歐洲船隻抵達偏遠的美國或亞洲領土的方式來對此進行解釋。當兩種不同的培養物接觸時,發生了爆炸性交換反應,類似於使兩種不同的化學介質被膜隔開。離子和鹽從一側開始跳動到另一側,直到情況再次達到平衡。文化差異越大,過程就越暴力。

自上世紀下半葉全球化進程開始以來,在我們時代發生了同樣的事情。我們祖父母的非全球化世界,以其相應的敘述生活在西班牙的獨裁統治之中,隨後的政治,社會和經濟變化令他們為之震驚。老年人是傑出的見證人,沒有人要求他們提供幫助,以試圖了解他們當時所生活的價值觀以及我們現在所缺乏的價值觀。

全球化使我們在經濟上得到了改善,有了更好的汽車,口袋裡的手機,無處不在的技術和屏幕以及無窮無盡的娛樂節目。但是,就像那些征服者帶著裝甲和船隻將小飾品裝滿幼稚的村民的手一樣,真正的金子繼續被奪走,工作從魔咒中消失在我們周圍的環境中,出現在偏遠,無形但越來越強大的地方,正成為帝國的新中心。最優秀,最有才華的工人也消失了,像蜜蜂一樣被吸引到開滿鮮花和機會的新草地上。

市場力量和全球化是無情的。他們傾向於摧毀公共機構和他們所處的社會支持網絡。公共服務越少,社會不平等越多,他們的利益越好,他們就會賣得越多,他們就會被奴役的越多。因為這是這個主意,所以即使沒有政治上的正確性,也沒有沒有奴隸就無法維持的帝國。

除其他外,捍衛歐洲社會是發行債務來填補正在出現的漏洞和裂縫。但這是前進的一步。大家都知道,當不再有可能朝那個方向前進時,就會出現一個問題。面對無人想像的巨大災難,這是在爭取時間。問題在於,氣候變化的挑戰,與環境的關係的提取模式,缺乏生態意識和對其他物種的尊重,化石燃料的濫用以及最重要的是人類的自私和無知使我們走上了一條小巷。

當大流行出現並帶走一切大流行時,我們就在這裡,因為沒有能夠控制它的衛生系統,而且一切似乎都炸毀了。我們意識到自己是多麼脆弱,失去健康或生命的難易程度。我們意識到我們的權利和自由是多麼的光明,它們消失的速度有多快,而當我們沒有這些權利和自由時它們有多少價值。我們意識到,作為一個社會,我們非常有限,我們無法相互了解,達成共識或共同努力。我們意識到,侮辱一個有不同想法的人比試圖聽他說話然後站在他旁邊撲滅威脅我們雙方的火力要容易得多。我們意識到我們機構的脆弱性,無法對任何超出常規困境的挑戰做出充分反應。

無能為力和憤怒是當今普通公民的特徵,他們看到周圍的一切都在燃燒,而他卻無能為力,而權利和公共服務卻從他的鼻子底下被擠出。但是,我們都可以做一些重要的事情:停下來思考一下。意識到什麼對我們每個人都很重要,意識到我們如何與我們的社區聯繫以及如何改善這種關係。意識到共同利益可能比員工更重要。要意識到如果我們不給周圍的人帶來價值,工作,反思,幫助,意識和同情心,我們可能會對正在發生的事情負責。

我們將不得不重新啟動許多事情,並且要做到這一點,必須了解正在發生的事情。如果一旦我們理解了,我們想提供幫助,就必須以我們的生活方式,對待環境和他人的方式,以共同利益為中心並且尊重環境的願景來做到這一點。

當然,在此過程中,我們需要新的敘事方式,以舊的敘事方式為基礎,並保持一種詮釋學,以幫助我們解釋混亂局面,而混亂局面將不可避免地出現。


自動翻譯,對錯誤感到抱歉。

jueves, 24 de septiembre de 2020

Confiar. Trust. 相信






Las malas noticias generan incertidumbre, la incertidumbre miedo, el miedo bloqueo, ansiedad y un punto de enfado. Y así estamos en un círculo vicioso de mal rollo del que no conseguimos salir.

Lo mismo pasa en situaciones límite como una tormenta en un barco de vela en alta mar o en primera línea de batalla cuando se empiezan a oír los tiros, miedo. Y ante el mismo hay pocos remedios, cada cual tiene los suyos, no me prodigaré en el tema. Tan solo quería señalar la importancia de la confianza en situaciones difíciles. Confianza en los demás. 

Nuestra época vive una profunda crisis de confianza global. Desconfiamos de instituciones, políticos, jefes, responsables, cargos... hasta de vecinos y familiares. Si queda poca gente que crea en dios, imagínense en todo lo demás. Pero sin confianza la vida es muy incómoda, nos pone a la defensiva y a la mínima nos hace saltar. Basta con que se den una vuelta por las redes sociales, cada día más reactivas y tóxicas.

La sanidad  vive estas semanas otro de esos tiempos recios y dada la irresponsable actitud de unos y otros, titulares de prensa incendiarios y declaraciones furibundas, no parece que nadie aporte suficiente sensatez y liderazgo útil cuando más se necesita. Por eso lanzo la pregunta: ¿de quién nos fiamos?

Miro a mi alrededor, en mi centro de salud, y he de reconocer que soy afortunado. Puedo decir que confío en las personas que me rodean como administrativos, personal de limpieza, auxiliares de enfermería, matrona, enfermeras y médicas. Y eso es un alivio cuando sé que me voy a jugar mucho los próximos meses con ellos a mi lado. Por otro lado siento que nuestros pacientes confían a su vez en nosotros, algo que tiene más importancia de lo que se piensa. Ese pozo de confianza es lo que todavía aglutina y sostiene la sociedad. ¿Seremos capaces de mantenerlo?

Dado que no es fácil fiarse de los que en estos momentos tienen las responsabilidades sanitarias en sus manos tal vez sea inteligente poner el foco en algo más cercano, y cuidarlo, reconocerlo, agradecerlo y visibilizarlo. 

Como vamos viendo en esta reflexión basada en verbos que estamos desgranando, hay interesantes alternativas a la mera queja. 






Trust


Bad news generates uncertainty, uncertainty fear, fear blockage, anxiety and a point of anger. And so we are in a vicious circle of bad news from which we cannot escape.

The same thing happens in extreme situations such as a storm on a sailing boat on the high seas or on the front line of a battle when you start to hear shots, fear. And there are few remedies for this, each one has its own, I will not dwell on the subject. I just wanted to point out the importance of trust in difficult situations. Trust in others. 

Our time is experiencing a profound crisis of global trust. We distrust institutions, politicians, bosses, officials, even neighbours and relatives. If there are few people left who believe in God, imagine everything else. But without trust, life is very uncomfortable, it puts us on the defensive and at the slightest bit makes us jump. Just take a look at the social networks, which are more and more reactive and toxic every day.

Healthcare is going through another tough time these weeks and given the irresponsible attitude of politicians, inflammatory headlines and furious statements, it doesn't seem that anyone provides enough sense and useful leadership when it's needed most. That's why I ask the question: who do we trust?

I look around me at my primary health centre and I have to admit that I am lucky. I can say that I trust the people around me as clerks, cleaners, nursing assistants, midwives, nurses and doctors. And that's a relief when I know that I'm going to be playing hard the next few months with them by my side. On the other hand I feel that our patients trust us in turn, something that is more important than people think. That well of trust is what still binds and sustains society. Will we be able to maintain it?

Given that it is not easy to trust those who currently have the political responsibility for health care in their hands, perhaps it would be wise to focus on something closer, and to care for it, recognise it, be grateful for it and make it visible. 

As we are seeing in this reflection based on verbs that we are unpacking, there are interesting alternatives to mere complaint. 






相信

自動翻譯,對錯誤感到抱歉。

壞消息產生不確定性,不確定性恐懼,恐懼阻撓,焦慮和憤怒點。因此,我們處在一個壞消息的惡性循環中,我們無法逃避這個壞消息。

在極端情況下也會發生同樣的事情,例如公海的帆船風暴或戰鬥的前線,當您開始聽到槍聲,恐懼時。對此,幾乎沒有補救措施,每個補救措施都有其自己的用途,我將不贅述。我只是想指出在困難情況下信任的重要性。相信別人。

我們的時代正在經歷一場深刻的全球信任危機。我們不信任機構,政客,老闆,官員,甚至鄰居和親戚。如果只有很少的人相信上帝,那就想想其他的一切。但是,如果沒有信任,生活會非常不舒服,這使我們處於防御狀態,至少一點點就使我們跳了起來。只需看一下社交網絡,這些社交網絡每天都變得越來越活躍和有害。

最近幾週,醫療保健正經歷著另一個艱難的時期,並且由於政客們的不負責任的態度,煽動性的頭條新聞和憤怒的言論,似乎沒有人在最需要時提供足夠的理智和有用的領導才能。這就是為什麼我問一個問題:我們信任誰?

我在我的主要保健中心環顧四周,我不得不承認自己很幸運。我可以說我相信我周圍的人是文員,清潔工,護理助理,助產士,護士和醫生。當我知道接下來的幾個月我將在他們的陪伴下努力工作時,這真是一種解脫。另一方面,我覺得我們的患者反過來信任我們,這比人們想像的重要。信任的良好狀態仍然可以束縛和維持社會。我們能維持嗎?

鑑於要信任那些目前負有醫療保健政治責任的人並不容易,也許明智的做法是專注於更接近的事物,並對其進行照顧,認可,感恩並為之可見。

正如我們在對基於動詞的動詞的反思中所看到的那樣,有很多有趣的替代品可以用來代替抱怨。

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Prioridades


Foto: Comunidad de Madrid


Ayer la Comunidad de Madrid hizo público a los sindicatos en la mesa sectorial de Atención Primaria su plan de actuación para los próximos 3 años. Desglosan una inversion de 82.67 millones de euros en 3 años. Es un paso sin duda, pero la emergencia la tenemos ahora y las mejoras anunciadas no van a disminuir la presión asistencial que sufren los centros de salud.


1. Es un 8% menos que lo pactado en el acuerdo de investidura entre PP y Ciudadanos. Pueden consultarlo aquí (punto 50). Por lo que se entiende que no es un plan de emergencia ni una inversión a mayores, tan solo bajan un poco lo que acordaron hace unos años y no se había implementado.

2. Parece que la Comunidad Madrid tiene, entre otros planes, 1500 millones para invertir en el Metro.



¿Qué les parece a ustedes que priorizan?








Y de momento no hay respuesta para otras posibilidades como:


  1. Informatizar las bajas laborales suprimiendo los documentos en papel.
  2. Permitir autodeclaraciones juradas de enfermedad para procesos leves.
  3. Sacar circuito de toma de PCR de centros de salud dando respuesta directa al paciente (página web, sms, llamada automática).
  4. Limitar listados de pacientes en centros de salud saturados.  

Ayunar. Fasting. 禁食

 

Foto submarina de Rosa Taberner


Estamos empachados. De malas noticias, de sombríos pronósticos, de gritos y ruido. Ya no nos cabe nada más. Sin embargo nos siguen dando estopa. Cada día que pasa nos meten más desgracias, cifras funestas y desatinos en vena mediante el potente entramado de información, desinformación y manipulación que nos rodea. 


Y así vamos, de sorpresa en sorpresa, con ese mal sabor de boca del que no ha podido dormir bien por ser imposible desconectar de tan negativa corriente. Los lamentos que se oyen dentro de los centros de salud son el siguiente nivel en intensidad sonora tras años de quejas y llantos variados, más bien susurrantes. Ahora es un clamor. 


Pero por mucho que uno llore, grite o exprese su malestar, el terrible dolor de vísceras y la sensación de empacho no se alivian. Hace falta algo más. La situación de sobrecarga brutal está funcionando como purgante, en todos los sentidos. Nos vamos de vareta, los sanitarios los primeros. Con todo no nos aliviamos. Si preguntamos a uno de esos viejos doctores de pueblo de toda la vida nos dirá que para el empacho lo mejor es ayunar hasta que pase. 


Ayunar de malas noticias, de confrontación, de contertulios malencarados, de telediarios cargados de veneno, de titulares de prensa llenos de hiel, de la bronca de las redes sociales. Ayunar de la queja personal permanente, de ese estado de batalla perpetua contra los que piensan distinto, contra cualquier clase de gobierno, autoridad, político o responsable. 


Tal vez si dejamos de sobredosificarnos tanta negatividad podamos empezar a respirar algo más tranquilos. Y darnos un paseo, contemplar unas nubes, saborear un bocado o disfrutar de una conversación. 


¿Quién iba a decir que la cura social más urgente sea ayunar?. Pues ya ven, atrévanse a probarlo y me cuentan.







Fasting


We're indigested. Of bad news, of gloomy forecasts, of shouting and noise. We have no room for anything else. Yet we are still given more stuff. Every day we get more misfortunes, disastrous figures and misunderstandings in our veins through the powerful web of information, misinformation and manipulation that surrounds us. 


And so we go, from surprise to surprise, with that bad taste in our mouth that we have not been able to sleep well because it is impossible to disconnect from such a negative current. The laments heard inside the primary health centres are the next level in sound intensity after years of varied, rather whispering, complaints and cries. Now it is a loud cry. 


But no matter how much one cries, screams or expresses his discomfort, the terrible tummy pain and the feeling of indigestion are not alleviated. Something else is needed. The situation of brutal working overload is like a purgative, in every sense. We're going to leave, the health professionals first. Yet we are not relieved. If we ask one of those old village doctors, he will tell us that for indigestion it is best to fast until it passes. 


Fasting from bad news, from confrontation, from misunderstandings, from news programmes full of poison, from headlines full of gall, from the anger of the social networks. Fasting from the permanent personal complaint, from that state of perpetual battle against those who think differently, against any kind of government, authority, politician or person in charge. 


Perhaps if we stop overdosing ourselves with so much negativity we can start breathing a little easier. And take a walk, contemplate some clouds, savour a bite or enjoy a conversation. 


Who would have thought that the most urgent social cure would be to fast? Well, you see, dare to try it and tell me about it.





禁食


自動翻譯,對錯誤感到抱歉。


我們被消化了。壞消息,令人沮喪的預測,喊叫聲和噪音。我們沒有別的空間。然而,我們仍然得到了更多的東西。通過圍繞我們的強大信息網絡,錯誤信息和操縱,每天我們都會遭受更多的不幸,災難性的數字和誤解。


因此,我們吃驚地發現口中的不良味道使我們無法入睡,因為不可能擺脫這種負電流。在經歷了數年的不斷變化,低聲細語,抱怨和哭泣之後,初級保健中心內聽到的哀嘆聲達到了更高的水平。現在是一個大聲的呼喊。


但是,無論人們哭泣,尖叫或表達不舒服的程度如何,都不會減輕可怕的肚子痛和消化不良的感覺。還需要其他一些東西。從任何意義上講,殘酷的工作超負荷情況都像瀉藥。我們要離開了,首先是衛生專業人員。然而,我們並不放心。如果我們問那些鄉村醫生中的一位,他會告訴我們,為了消化不良,最好禁食直到它過去。


與壞消息,對抗,誤解,充滿毒氣的新聞節目,充滿膽怯的頭條新聞,社交網絡的憤怒相抵觸。從永久的個人抱怨,與與不同思維的人,與任何類型的政府,機關,政客或負責人的永恆鬥爭中擺脫出來。


也許,如果我們停止過度消極地過度用藥,我們可以開始呼吸輕鬆一些。散散步,考慮烏雲,品嚐美食或進行對話。


誰會想到最緊急的社會治療方法就是禁食?好吧,你知道,敢嘗試一下,並告訴我有關情況。

martes, 22 de septiembre de 2020

Un poquito de dignidad, un poquito de por favor





Sí, ya saben ustedes como está la cosa en los centros de salud. Pero eso no es nuevo, no nos engañemos. Llevamos años regular, con sobrecarga crónica y picos de aumento de consultas que cada año duran más tiempo. 

Hoy no voy a pedir nada. Tan solo compartir con ustedes una historia que podría haber contado cualquiera de mis compañeras en cualquier centro de salud y a la que cuatro profesionales de Atención Primaria ponemos cara.

Una entrevista de Raquel Peláez con fotos de Carlos Carrión que tienen disponible online y tendrán completa en la edición de este domingo del suplemento XLSemanal.





lunes, 21 de septiembre de 2020

Escuchar.








Sabemos que no es lo mismo oír que escuchar. Pero qué difícil nos resulta discernirlo en estos tiempos de gritos y anuncios comerciales permanentes. Desde que nos levantamos el ruido de fondo acompaña nuestros pasos, habitualmente de la mano de su hermana la imagen. Por eso nos resultan extraños esos momentos de calma y de silencio que, de alguna manera, terminamos rehuyendo para llenarlos en seguida de estímulos enlatados servidos en cualquier dispositivo con pantalla. 

Sin embargo sin escucha no es posible el diálogo, tampoco la reflexión ni quizá la toma de conciencia. Caminar despacio por el campo sin usar auriculares es un potente acto político. Meditar un instante, contemplar en silencio, centrarse en hacer cualquier cosa sin tener algo de fondo... son conductas casi revolucionarias que nos sacan del permanente atracón de estímulos al que estamos acostumbrados. 

No nos damos cuenta de que ese exceso de información nos embota y nos deshumaniza. ¿Cuándo miramos la última vez un cielo estrellado, una hilera de hormigas, el baile de las nubes? ¿Cuándo bailamos en mitad del salón con algún ser querido? ¿Cuándo dimos un abrazo de esos reconfortantes?

No escuchamos y nos perdemos la voz de la naturaleza, la belleza, el sentido, la compasión y la divinidad. Porque, aunque parezca mentira, el mismo creador se sigue paseando por estos pagos cuando le viene en gana... y no nos enteramos corriendo como vamos. Esa voz no aparece en el buscador del teléfono móvil, tampoco en la pila de mensajes que recibimos cada día. Hay que callarse de verdad para poder oírla pues remeda el murmullo de esos arroyos de montaña que saltan frescos en el borde del bosque. 

A los que por azares vamos teniendo un curriculum demasiado lleno de papeles nos suele resultar imposible escuchar otra voz distinta de la propia. Hay excepciones pero son escasas. Por eso no entendemos como las instituciones se funden unas detrás de otra y el mundo cambia a una velocidad que no da opción a comprensión alguna. 

En sanidad estamos perdiendo la habilidad de escuchar al que sufre. A los pocos segundos interrumpimos su discurso aportando la correspondiente etiqueta diagnóstica y un vale de remedios a retirar en la botica. Y que pase el siguiente. La gente encantada de la vida de poder consumir la barra libre de pastillas que el sistema permite. Más tarde alguno lamentará haberse dejado escatimar aquella antigua relación de confianza que se tenía con la enfermera y con el médico de toda la vida. Eso no se estilará más, ya se encarga el sistema de cambiarlos con periodicidad o de expulsarlos o quemarlos lentamente.

Tampoco hay voluntarios que escuchen a los escasos sanitarios que llaman a las cosas por su nombre. Se les permite lanzar sus mensajes al mar en botellas cerradas, mientras otros suben el volumen de los monitores de las salas de espera y la desfachatez de los programas que la gente consume con placer. 

Pero cuando las cosas se ponen duras de verdad no queda más remedio que buscar soluciones. Y para eso hay que atreverse a hablar y sobre todo sacar valor para escuchar. No nos engañemos, el carácter pasivo del verbo lleva implícito la voluntad de dejarse alcanzar y para eso hay que tener agallas o al menos la ingenuidad del niño pequeño que no teme lanzarse de bruces a un mundo incomprensible.