miércoles, 10 de julio de 2019

Hacia una pedagogía del malestar Towards a pedagogy of malaise 邁向不適的教育學




"Sólo sufrimos porque pensamos que las cosas deberían ser de otra manera. En cuanto abandonamos esta pretensión, dejamos de sufrir". Pablo d'Ors


  • ¿Cómo enseñar a alguien a sufrir?
  • ¿Es posible aprender a manejar el propio malestar? ¿Llegar a ser excelente en el manejo?
  • ¿Cómo ayudar al que sufre a mirar a los ojos de su propio sufrimiento?

  • ¿Cómo hacer comprender al que se ahoga en la dificultad que por muy real que sea su sufrimiento este no puede comprometer por si mismo su vida?

Lo habitual cuando uno experimenta malestar es:

1. Huir

Si esto no funciona:

2. Atacar

Tanto hacia fuera como sobre todo a uno mismo. Darse caña uno mismo es una de nuestras actividades favoritas, no es fácil reconocerlo.


Nuestra cultura ha sofisticado la huida, entre otras cosas se considera una civilización del espectáculo y la distracción. Cada vez nos rodean más pantallas, aparatos y adminículos que nos ayudan en esta misión para permanecer permanentemente despistados.


Pero llega un punto en que nada consigue distraernos del malestar cuando este es lo suficientemente fuerte. Al finar caemos en sus garras y nos rallamos. Comenzamos una dinámica de centrifugado cognitivo y emocional de la que es muy difícil salir. Si han visto alguna vez algún roedor corriendo dentro de una rueda saben de lo que hablo.


La sociedad termina convirtiendo el malestar en una fuente de bienes de consumo. Ante la mínima incomodidad se nos ofrecen incontables productos y servicios. Pase por caja, consuma, compre, diviértase. Y cuando el centro comercial no es suficiente acuda a los servicios sanitarios que estarán encantados de atenderle. De esta forma las consultas de terapeutas alternativos, complementarios, suplementarios o reglamentarios están rebosantes, ya sean públicas o privadas, elitistas o de barrio.
Los profesionales sanitarios reciben una enorme carga de malestar sobre ellos para la que disponen de tiempos limitados. Es frecuente que la respuesta sea química o industrial. Tome usted esta pastilla o pase usted al siguiente especialista de la cadena. Muy pocas veces se llama malestar al malestar. Muy pocas veces se ayuda a quien lo siente a reconocer su responsabilidad en sobrellevarlo y acunarlo.

Tenemos en las manos la paradoja de ser una sociedad en constante busca de la felicidad, o lo que es lo mismo: en permanente huida de la infelicidad. Y hemos olvidado que ambas son la cara y la cruz de la existencia, no hay luz sin sombra ni sombra sin luz.

Los profesionales de la salud tenemos una asignatura pendiente para ayudar a la persona que sufre a reconocer lo que es malestar inherente a la vida y diferenciarlo de la enfermedad. También hemos de aprender a acompañarlo, orientarlo y aliviarlo y no solo a tratarlo. La respuesta fácil para nosotros es la pastilla, pero no siempre es la correcta.

Los ciudadanos en general tenemos otra asignatura pendiente, la de manejar mejor el malestar y la infelicidad personal cimentando un autocuidado basado en la aceptación, el autoconocimiento y la búsqueda de soluciones personales en lugar de seguir culpando a los demás del mismo y exigiendo al estado que nos quite de encima una infelicidad que no es su competencia.





Towards a pedagogy of malaise 



  • How to teach someone to suffer?
  • Is it possible to learn to handle one's own discomfort? To become excellent at handling it?
  • How can we help the suffering person to look into the eyes of his own suffering?




  • How can we make the one who drowns in the difficulty that no matter how real his suffering may be, he cannot compromise by itself his life?




The usual thing when one experiences discomfort is:



1. Fleeing



If this doesn't work:



2. Attack



Either to the outside and above all to oneself. Self-punishment is one of our favorite activities, it is not easy to recognize it.



Our culture has sophisticated flight, among other things is considered a civilization of spectacle and distraction. More and more screens, gadgets and tech surround us, helping us in this mission to remain permanently absent-minded.



But there comes a point when nothing manages to distract us from discomfort when it is strong enough. At last we fall into its claws and grate. We begin a dynamic of cognitive and emotional centrifugation from which it is very difficult to get out. If you have ever seen a rodent running inside a wheel you know what I'm talking about.



Society ends up turning discomfort into a source of consumer goods. With the least discomfort we are offered countless products and services. Check out, consume, buy, have fun. And when the shopping centre is not enough, go to the health services that will be delighted to attend you. In this way the consultations of alternative, complementary, supplementary or regulatory therapists are overflowing, whether public or private, elitist or popular.

Healthcare professionals are burdened with an enormous amount of discomfort for which they have limited time to manage. The answer is often chemical or industrial. Take this pill or go to the next specialist in the chain. Discomfort is rarely called by his name. Rarely we help to those who feel malaise to recognize their responsibility in bearing it and cradling it.



We have in our hands the paradox of being a society in constant search of happiness, or what is the same: in permanent flight from unhappiness. And we have forgotten that both are the face and the cross of existence, there is no light without shadow and no shadow without light.



We health professionals have a pending subject to help the suffering person to recognize what is inherent discomfort in life and differentiate it from disease. We must also learn to accompany it, guide it and alleviate it and not just treat it. The easy answer for us is the pill, but it is not always the right one.



We citizens in general have another unresolved issue, that of better handling personal discomfort and unhappiness by building self-care based on acceptance, self-knowledge and the search for personal solutions instead of continuing to blame others for it and demanding the state to remove from us an unhappiness that is not its competence.








邁向不適的教育學



如何教別人受苦?

是否有可能學會處理自己的不適?要善於處理它?

我們怎樣才能幫助受苦受難的人看到自己痛苦的眼睛呢?



我們怎樣才能讓那個淹沒在困境中的人無論他的痛苦多麼真實,他都不能自己妥協他的生活?


當一個人感到不適時,通常的事情是:



1. 逃跑



如果這不起作用:



2.攻擊



無論是對外還是對自己。自我懲罰是我們最喜歡的活動之一,不容易認識到它。



我們的文化有著複雜的飛行,其中包括被視為奇觀和分散的文明。越來越多的屏幕,小工具和技術環繞著我們,幫助我們在這一使命中永遠留下了心不在焉。


但有一點是,當它足夠強大時,沒有任何東西可以分散我們的注意力。最後我們陷入了它的爪子和篦子。我們開始了一種動態的認知和情感離心,很難擺脫它。如果你曾經看過一個在車輪內運行的囓齒動物你知道我在說什麼。


社會最終將不適變成消費品來源。隨著最不舒服,我們提供無數的產品和服務。退房,消費,購買,玩得開心。如果購物中心還不夠,請前往很高興為您服務的健康服務。通過這種方式,替代,補充,補充或監管治療師的諮詢範圍正在氾濫,無論是公共的還是私人的,精英的還是流行的。



醫療保健專業人員承受著巨大的不適,他們只有有限的時間來管理。答案通常是化學或工業。服用此藥或轉到鏈中的下一位專家。他的名字很少引起不適。我們很少幫助那些感到萎靡不振的人,讓他們認識到自己承擔責任並抱著它的責任。


我們手中有一個悖論:成為一個不斷尋求幸福的社會,或者是什麼是相同的:永遠逃離不幸。而且我們忘記了存在的面孔和十字架,沒有光沒有光,沒有光沒有光。


我們的衛生專業人員有一個待定的課題,幫助受苦受難的人識別生活中固有的不適並將其與疾病區分開來。我們還必須學會陪伴它,引導它並減輕它,而不僅僅是對待它。對我們來說,簡單的答案是避孕藥,但它並不總是正確的。


我們的公民一般還有另一個未解決的問題,那就是通過建立基於接受,自我認識和尋求個人解決方案的自我護理來更好地處理個人的不適和不快樂,而不是繼續責怪他人,並要求國家從我們不滿意,不是它的能力。


自動翻譯,請原諒我的錯誤。

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