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lunes, 16 de abril de 2018

Medicina rural


Vincent Van Gogh. Paisaje en Saint-Rémy





Este blog permite compartir el itinerario narrativo de un médico que cree en el poder de la comunicación humana. En mi nueva andadura en un pequeño pueblo de la sierra encuentro muchos motivos de aprendizaje y reflexión. Lo primero: Una gran complejidad. Parece un contrasentido dado que aparentemente la vida rural es sencilla, pero basta una semana pasando consulta para que me tope con casos clínicos de una complejidad biológica, psicológica y social muy superior a la que existe en entornos urbanos. Hoy el primer paciente es centenario, me recibe en su domicilio, tras auscultarle pido una radiografía al no gustarme nada lo que oigo, luego en consulta se suceden personas aquejadas de cáncer, enfermedades vasculares severas o degenerativas, dolor mal controlado y otros muchos problemas registrados en historias clínicas electrónicas desordenadas por haber pasado por infinidad de manos. Me llama la atención atender a personas verdaderamente enfermas después de llevar años dedicado a los problemas urbanos de otras fundamentalmente sanas.

Lo segundo que constato es el enfado de fondo de mis pacientes que no me verbalizan por educación pero que se deduce de la pregunta que repiten inevitablemente casi todos: ¿se va a quedar doctor?. Y es que a los pueblos no quiere ir casi nadie a trabajar. Suelen estar lejos de donde viven los sanitarios y no se reconoce ni remunera la mayor dificultad del trabajo, el uso obligatorio de vehículo privado ni la mayor responsabilidad laboral. La rotación de médicos que han sufrido mis pacientes en los últimos tiempos fue muy alta tras la jubilación de su doctora de toda la vida, a la que no conocí pero me consta valoraban. Con seguridad sabía escuchar y eso se cotiza muy alto en entornos sanitarios. Cuando les digo que me voy a quedar se tranquilizan y me desean suerte, la voy a necesitar.

La tercera toma de conciencia tiene que ver con la gravedad de la patología. Ayer mis compañeras atendieron una taquicardia ventricular rápida en un joven. La UVI móvil tardó 20 minutos que se hicieron muy largos para ellas. En esta ocasión llegaron volando pero aquí todo está lejos, el hospital también.

Como novato en la plaza me toca amarrarme los machos y abrir mucho los ojos. Es fundamental escuchar bien lo que se dice y sobre todo lo que no se dice. Mirar a los ojos y dentro de ellos. Acoger el discurso, las heridas, los cuerpos y las psicologías de todos los que entran por la puerta. Algo que no podré hacer solo. Será fundamental la ayuda de los administrativos, trabajadoras sociales, enfermeras y médicas del consultorio y la de los propios pacientes. Además de buenas dosis de humor, serenidad y estudio. Si desea acompañarme lo iremos contando desde este blog.