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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Ayunar. Fasting. 禁食

 

Foto submarina de Rosa Taberner


Estamos empachados. De malas noticias, de sombríos pronósticos, de gritos y ruido. Ya no nos cabe nada más. Sin embargo nos siguen dando estopa. Cada día que pasa nos meten más desgracias, cifras funestas y desatinos en vena mediante el potente entramado de información, desinformación y manipulación que nos rodea. 


Y así vamos, de sorpresa en sorpresa, con ese mal sabor de boca del que no ha podido dormir bien por ser imposible desconectar de tan negativa corriente. Los lamentos que se oyen dentro de los centros de salud son el siguiente nivel en intensidad sonora tras años de quejas y llantos variados, más bien susurrantes. Ahora es un clamor. 


Pero por mucho que uno llore, grite o exprese su malestar, el terrible dolor de vísceras y la sensación de empacho no se alivian. Hace falta algo más. La situación de sobrecarga brutal está funcionando como purgante, en todos los sentidos. Nos vamos de vareta, los sanitarios los primeros. Con todo no nos aliviamos. Si preguntamos a uno de esos viejos doctores de pueblo de toda la vida nos dirá que para el empacho lo mejor es ayunar hasta que pase. 


Ayunar de malas noticias, de confrontación, de contertulios malencarados, de telediarios cargados de veneno, de titulares de prensa llenos de hiel, de la bronca de las redes sociales. Ayunar de la queja personal permanente, de ese estado de batalla perpetua contra los que piensan distinto, contra cualquier clase de gobierno, autoridad, político o responsable. 


Tal vez si dejamos de sobredosificarnos tanta negatividad podamos empezar a respirar algo más tranquilos. Y darnos un paseo, contemplar unas nubes, saborear un bocado o disfrutar de una conversación. 


¿Quién iba a decir que la cura social más urgente sea ayunar?. Pues ya ven, atrévanse a probarlo y me cuentan.







Fasting


We're indigested. Of bad news, of gloomy forecasts, of shouting and noise. We have no room for anything else. Yet we are still given more stuff. Every day we get more misfortunes, disastrous figures and misunderstandings in our veins through the powerful web of information, misinformation and manipulation that surrounds us. 


And so we go, from surprise to surprise, with that bad taste in our mouth that we have not been able to sleep well because it is impossible to disconnect from such a negative current. The laments heard inside the primary health centres are the next level in sound intensity after years of varied, rather whispering, complaints and cries. Now it is a loud cry. 


But no matter how much one cries, screams or expresses his discomfort, the terrible tummy pain and the feeling of indigestion are not alleviated. Something else is needed. The situation of brutal working overload is like a purgative, in every sense. We're going to leave, the health professionals first. Yet we are not relieved. If we ask one of those old village doctors, he will tell us that for indigestion it is best to fast until it passes. 


Fasting from bad news, from confrontation, from misunderstandings, from news programmes full of poison, from headlines full of gall, from the anger of the social networks. Fasting from the permanent personal complaint, from that state of perpetual battle against those who think differently, against any kind of government, authority, politician or person in charge. 


Perhaps if we stop overdosing ourselves with so much negativity we can start breathing a little easier. And take a walk, contemplate some clouds, savour a bite or enjoy a conversation. 


Who would have thought that the most urgent social cure would be to fast? Well, you see, dare to try it and tell me about it.





禁食


自動翻譯,對錯誤感到抱歉。


我們被消化了。壞消息,令人沮喪的預測,喊叫聲和噪音。我們沒有別的空間。然而,我們仍然得到了更多的東西。通過圍繞我們的強大信息網絡,錯誤信息和操縱,每天我們都會遭受更多的不幸,災難性的數字和誤解。


因此,我們吃驚地發現口中的不良味道使我們無法入睡,因為不可能擺脫這種負電流。在經歷了數年的不斷變化,低聲細語,抱怨和哭泣之後,初級保健中心內聽到的哀嘆聲達到了更高的水平。現在是一個大聲的呼喊。


但是,無論人們哭泣,尖叫或表達不舒服的程度如何,都不會減輕可怕的肚子痛和消化不良的感覺。還需要其他一些東西。從任何意義上講,殘酷的工作超負荷情況都像瀉藥。我們要離開了,首先是衛生專業人員。然而,我們並不放心。如果我們問那些鄉村醫生中的一位,他會告訴我們,為了消化不良,最好禁食直到它過去。


與壞消息,對抗,誤解,充滿毒氣的新聞節目,充滿膽怯的頭條新聞,社交網絡的憤怒相抵觸。從永久的個人抱怨,與與不同思維的人,與任何類型的政府,機關,政客或負責人的永恆鬥爭中擺脫出來。


也許,如果我們停止過度消極地過度用藥,我們可以開始呼吸輕鬆一些。散散步,考慮烏雲,品嚐美食或進行對話。


誰會想到最緊急的社會治療方法就是禁食?好吧,你知道,敢嘗試一下,並告訴我有關情況。

lunes, 21 de septiembre de 2020

Escuchar.








Sabemos que no es lo mismo oír que escuchar. Pero qué difícil nos resulta discernirlo en estos tiempos de gritos y anuncios comerciales permanentes. Desde que nos levantamos el ruido de fondo acompaña nuestros pasos, habitualmente de la mano de su hermana la imagen. Por eso nos resultan extraños esos momentos de calma y de silencio que, de alguna manera, terminamos rehuyendo para llenarlos en seguida de estímulos enlatados servidos en cualquier dispositivo con pantalla. 

Sin embargo sin escucha no es posible el diálogo, tampoco la reflexión ni quizá la toma de conciencia. Caminar despacio por el campo sin usar auriculares es un potente acto político. Meditar un instante, contemplar en silencio, centrarse en hacer cualquier cosa sin tener algo de fondo... son conductas casi revolucionarias que nos sacan del permanente atracón de estímulos al que estamos acostumbrados. 

No nos damos cuenta de que ese exceso de información nos embota y nos deshumaniza. ¿Cuándo miramos la última vez un cielo estrellado, una hilera de hormigas, el baile de las nubes? ¿Cuándo bailamos en mitad del salón con algún ser querido? ¿Cuándo dimos un abrazo de esos reconfortantes?

No escuchamos y nos perdemos la voz de la naturaleza, la belleza, el sentido, la compasión y la divinidad. Porque, aunque parezca mentira, el mismo creador se sigue paseando por estos pagos cuando le viene en gana... y no nos enteramos corriendo como vamos. Esa voz no aparece en el buscador del teléfono móvil, tampoco en la pila de mensajes que recibimos cada día. Hay que callarse de verdad para poder oírla pues remeda el murmullo de esos arroyos de montaña que saltan frescos en el borde del bosque. 

A los que por azares vamos teniendo un curriculum demasiado lleno de papeles nos suele resultar imposible escuchar otra voz distinta de la propia. Hay excepciones pero son escasas. Por eso no entendemos como las instituciones se funden unas detrás de otra y el mundo cambia a una velocidad que no da opción a comprensión alguna. 

En sanidad estamos perdiendo la habilidad de escuchar al que sufre. A los pocos segundos interrumpimos su discurso aportando la correspondiente etiqueta diagnóstica y un vale de remedios a retirar en la botica. Y que pase el siguiente. La gente encantada de la vida de poder consumir la barra libre de pastillas que el sistema permite. Más tarde alguno lamentará haberse dejado escatimar aquella antigua relación de confianza que se tenía con la enfermera y con el médico de toda la vida. Eso no se estilará más, ya se encarga el sistema de cambiarlos con periodicidad o de expulsarlos o quemarlos lentamente.

Tampoco hay voluntarios que escuchen a los escasos sanitarios que llaman a las cosas por su nombre. Se les permite lanzar sus mensajes al mar en botellas cerradas, mientras otros suben el volumen de los monitores de las salas de espera y la desfachatez de los programas que la gente consume con placer. 

Pero cuando las cosas se ponen duras de verdad no queda más remedio que buscar soluciones. Y para eso hay que atreverse a hablar y sobre todo sacar valor para escuchar. No nos engañemos, el carácter pasivo del verbo lleva implícito la voluntad de dejarse alcanzar y para eso hay que tener agallas o al menos la ingenuidad del niño pequeño que no teme lanzarse de bruces a un mundo incomprensible. 










viernes, 18 de septiembre de 2020

Rezar. Pray. 祈禱。






Imaginen por un momento que no hay enfermeras, ni médicos, ni sistema sanitario. Imaginen que tienen un problema de salud, elijan el que quieran. Imaginen lo lento que se les pasa el tiempo con ese flemón, cólico renal, dolor intenso o herida supurante, sabiendo que solo pueden esperar.

No hay que irse muy lejos, nuestros bisabuelos tuvieron un acceso muy limitado a servicios sanitarios. Antes de ellos menos todavía. Se defendían con remedios caseros, algún medicamento básico y solo de forma excepcional podían acceder puntualmente a consultar con alguien. 

Muchos solo podían rezar. Y si no tenían a quien aguantar el sufrimiento lo mejor que podían. 

Hoy nos hemos olvidado de rezar, algo que ha quedado trasnochado cuando podemos solucionar casi cualquier problema tirando de tarjeta de crédito o comprando a distancia. Con respecto a la salud pasa lo mismo. La hemos convertido en un bien de consumo más siguiendo las reglas de la nueva religión de mercado que impera en este sistema de cosas. 

Pero a veces las cosas se tuercen y uno se pone malo de verdad o aparece una pandemia que satura el sistema sanitario. En esos momentos no es posible comprar la solución, por más dinero que tengamos no encontraremos la puerta de salida. Ahí tal vez podamos empezar a rezar. 

No es nada fácil en estos tiempos recordar que no somos el centro del universo, pero la naturaleza nos lo sigue mostrando a base de huracanes, incendios, terremotos y pandemias. Somos vulnerables, pura levedad. Los que trabajamos en lo sanitario bien lo sabemos, como todo el que haya pasado por algún camino de dolor o enfermedad importante. 

Reconocer que nuestra posición en el mundo es muy pequeña y que quizá haya otros referentes mayores que nosotros nos abre la puerta a analizar nuestras prioridades. 

¿Es la oración un recurso sanitario? ¿puede ayudar al que sufre enfermedad o dificultad? 

Lo que parece cierto es que quizá necesitemos abrir la mente y reconocer que ante circunstancias extraordinarias es preciso conjugar verbos no habituales. 







Pray.

Imagine for a moment that there are no nurses, no doctors, no health system. Imagine that you have a health problem, choose the one you want. Imagine how slowly time passes with that boil, kidney colic, severe pain or oozing wound, knowing that you can only wait.

You don't have to go far, our great-grandparents had very limited access to health services. Even less so before them. They defended themselves with home remedies, some basic medication and only exceptionally were they able to access someone with sanitary habilities. 

Many could only pray. And if they had no faith to endure the suffering as best they could. 

Today we have forgotten to pray, something that is outdated when we can solve almost any problem by pulling a credit card or buying on line. The same goes for health. We have turned it into another consumer good by following the rules of the new market religion that prevails in our time.

But sometimes things go wrong and you get really sick or a pandemic comes along and overwhelms the health system. In those moments it is not possible to buy the solution, no matter how much money we have we will not find the way out. Then maybe we can start praying. 

It is not easy in these times to remember that we are not the centre of the universe, but nature continues to show us this through hurricanes, fires, earthquakes and pandemics. We are vulnerable, pure lightness. Those of us who work in the health field know this well, as does anyone who has gone through any major pain or illness. 

Recognising that our position in this world is very small and that there may be other references greater than ourselves opens the door to analysing our priorities. 

Is prayer a health resource? Can it help those who are suffering from illness or difficulty? 

What seems to be true is that we may need to open our minds and recognise that in extraordinary circumstances it is necessary to conjugate unusual verbs. 






祈禱。

自動翻譯,對錯誤感到抱歉。

想像一下,這裡沒有護士,沒有醫生,沒有衛生系統。假設您遇到健康問題,請選擇所需的健康問題。想像一下,煮沸,腎臟絞痛,劇烈疼痛或傷口滲血會花多長時間,知道您只能等待。



您不必走太遠,我們的曾祖父母獲得醫療服務的機會非常有限。在他們面前更是如此。他們以家庭療法,一些基本藥物為自己辯護,只有在例外情況下,他們才能夠接觸具有衛生能力的人。



許多人只能祈禱。如果他們沒有信心盡力忍受痛苦。



今天我們忘了祈禱,當我們可以通過拉信用卡或在線購買解決幾乎所有問題時,這已經過時了。健康也是如此。通過遵循當今流行的新市場信仰的規則,我們已將其轉變為另一種消費品。



但是有時情況會出錯,您會真正生病,或者發生大流行,使衛生系統不堪重負。在那些時刻,不可能購買解決方案,無論我們有多少錢,我們都找不到出路。然後,也許我們可以開始祈禱了。



在這些時期,要記住我們不是宇宙的中心並不容易,但是大自然繼續通過颶風,火災,地震和大流行向我們展示這一點。我們脆弱,純潔。我們這些在衛生領域工作的人以及任何經歷過重大痛苦或疾病的人都知道這一點。



認識到我們在這個世界上的地位很小,並且可能還有比我們更大的參考文獻,這為分析我們的優先事項打開了大門。



祈禱是一種健康資源嗎?它可以幫助那些患有疾病或困難的人嗎?



似乎正確的是,我們可能需要敞開胸懷,意識到在特殊情況下,有必要將不尋常動詞進行共軛。

jueves, 17 de septiembre de 2020

Desvelar







Muchos desvelos traen estos tiempos. Mucho quebranto.

La confusión genera una capa densa de ruido que se queda pegada a la piel como esa humedad de las ciudades de mar en verano. Una adherente pátina de gelatinosa desidia. 

Y las pantallas vomitando fuego griego, ese fluido misterioso que ardía destrozando flotas sin que nada pudiera apagarlo.

¿Cómo llegar a ver? ¿Cómo alcanzar a oír la voz del ángel que desde las alturas nos indica?

El denso velo nos impide entender. Los sumos sacerdotes durante siglos remendaron el que cayó cuando crucificaron al viviente. Ya no es posible entrar a ese nivel de intimidad que Eva y Adán tenían a la caída de la tarde. 

Pero tal vez haya una pequeña posibilidad si cada cual desvela sus heridas. Si entre todos mostramos esta nueva normalidad como lo que verdaderamente es: un robo monstruoso de derechos para aplastar sociedades enteras. 

Los médicos de Madrid estamos saliendo a las 12 a la puerta de los centros como pequeño signo de protesta. Tal vez podamos además enseñar en un papel lo que pasa por dentro y ahora es invisible para tantas personas que necesitan atención y no pueden ni siquiera contactar por teléfono. 

Desvelar es mostrar, demostrar y permitir que otros vean, entiendan y puedan pasar donde antes había velo y confusión.

































miércoles, 16 de septiembre de 2020

Reconocer






Foto de Rafa Cofiño





Déjame taparte esta noche
Acomodar la sábana en tu cuello
Respirar un momento
Las luces apagadas
Salir con suavidad.

Luego fundiremos nuestro sueño
De una manera misteriosa
Para terminar en la mañana
Como dos náufragos novatos

Recién llegados a la aurora.




Voy a intentar escribir algunos artículos centrándome en un verbo. Una manera como cualquier otra de intentar ponerme en movimiento, en búsqueda de acción. Y comienzo el viaje reconociendo que no veo. 

Llevo meses sin ver claro. Ni evidencia científica, ni liderazgo, ni claridad. Mi capacitación profesional no sirve, es insuficiente en estos momentos para aportar a los demás el servicio que desean. La estructura en la que trabajo limita mis manos con burocracia y protocolos rígidos e ineficaces. Los pacientes a mi alrededor están confundidos y molestos al ver que la atención sanitaria que conocían ya no está. Mis compañeros gritan sobrecargados y angustiados. Yo grito también.

Salgo de la consulta buscando algo de luz. Camino lejos hasta la consejería de sanidad, hablo con ellos, no consigo claridad. Camino al ministerio de sanidad, me dejan entrar al descansillo pero no al salón, me voy frustrado. Miro en las redes sociales, solo encuentro más gritos. 

Termino en el silencio, bueno más bien en una partitura con ayuda de Arvo Part. Y sigo reconociendo mi ignorancia. Hoy acudí al domicilio de una anciana enferma, llegué corriendo. Afortunadamente fue una falsa alarma. El piso era humilde, las paredes raídas, los muebles sencillos, el suelo no brillaba. Volví caminando despacio, desolado al darme cuenta de que la verdadera emergencia no es el coronavirus sino la miseria y esa sí que es imparable.

Pero no soy capaz de encontrar la narrativa. La manera de explicámelo y explicarlo a otros. Me di cuenta de que la palabra hundimiento no valía, batalla y barricada tampoco. Hace falta abrir más la mente y reconozco que no puedo. Soy igual de limitado y rígido que esos jefes que critico. Igual de impotente.

Por eso me tengo que callar. O escribir bajito algo de poesía o alguna reflexión pequeña como esta. Espero me comprendan y reconozcan conmigo que por muy negra que sea la noche al final suele llegar el alba.