viernes, 14 de julio de 2017

¿Qué prefieres, ser una enfermedad o una persona?

Me publican este mes en la revista el Emotional, un proyecto periodístico que apoyo por su calidad, una reflexión que cada vez va a tener mayor peso. Las fuerzas del mercado tienden a cosificarlo todo, también lo harán con la salud y la enfermedad. Merece la pena tener una idea clara de cuáles serán las posibilidades. 









¿Prefieres ser una enfermedad o una persona?



Pese a nuestras circunstancias y peculiaridades en la vida nos solemos considerar personas. Cuando atravesamos un tiempo de enfermar y acudimos al sistema sanitario hay potentes fuerzas que nos deshumanizarán para terminar convirtiéndonos en una unidad de gasto: una enfermedad. 

Con las cuestiones agudas y breves no hay problema, en poco tiempo estaremos lejos de la fuerza se gravedad del sistema sanitario. Pero si tenemos la mala suerte de enfermar de verdad tenemos muchas papeletas de que nos etiqueten como enfermos crónicos y nos apliquen la terrible pirámide de estratificación, de nivel de riesgo, de nivel de intervención o cualquier otra milonga de importación copiada de algún prócer ilustre. Dejaremos de ser persona y pasaremos a ser enfermedad. 

Hay dos visiones pues, una predominantemente de Atención Primaria centrada en la persona (atención a lo largo del tiempo por los mismos profesionales, teniendo en cuenta familia y comunidad) y otra predominantemente hospitalaria centrada en la enfermedad (atención puntual, por proceso, con salida rápida). 

El envejecimiento poblacional y el aumento de patología y complejidad hace que muchos procesos hospitalarios se prolonguen aumentando el gasto. Por eso se sacan de la manga un ardid que permite limitar el papel del hospital por un lado y por otro facilitar que sea este el que dirija al paciente por el sistema, eso sí, convertido en enfermo crónico, en un conjunto de enfermedades.

La narrativa está cambiando. Si permitimos este cambio semántico implicará que cambiarán sujetos y predicados. Los nuevos sujetos serán los catálogos de enfermedades, los predicados quienes las padecen y tienen la suerte de disponer de algún tipo de aseguramiento.

La digitalización sanitaria se aplicará primero a pacientes y luego a profesionales. La religión del big data y de los algoritmos quemará hasta sus cimientos la vieja forma de relacionarnos con la enfermedad. Los cambios que estamos presenciando no son nada comparados con los que están por venir. 

miércoles, 12 de julio de 2017

Compasión aplicada al ámbito sanitario





La EASP en su programa de #MinutoExperto nos ofrece este vídeo con Gonzalo Brito, formador en mindfulness y compasión.

Es uno de los pioneros en abrir una interesante línea de mejora en la relación entre profesionales de la salud y pacientes que va más allá de la empatía.

Son tres minutos que merecen ser vistos.


lunes, 10 de julio de 2017

Una propuesta de Alex Jadad: "El festín de nuestra vida"






Conozco bien a Alejandro Jadad, es un profesional de la salud referencial para muchos. La obra que recientemente ha publicado  no es un libro al uso, más bien es una propuesta. En sus breves páginas condensa una inquietud: Alex desea compartir con sus lectores su propia intimidad, su visión de la vida y sus principales motivaciones. Nos regala un buen manojo de preguntas que, pese a la corta extensión del texto, obligan a dedicar un considerable espacio para que cada cual encuentre sus respuestas.

No es un libro de autoayuda, no es una novela, tampoco una guía de vida; quien busque consejos o soluciones no los encontrará. Es una invitación de alguien con una formación técnica y humana sobresaliente cuya intención es compartirnos una visión más amplia de lo que somos y de lo que la vida puede ser para todos.

Si te gusta reflexionar, y eres de los que se toman su vida en serio, te animo a plantearte las cuestiones que nos lanza Jadad.





viernes, 7 de julio de 2017

Infiernos, desesperanza y sinsentido

En mi columna del Huffpost de esta semana reflexiono sobre la desesperanza y los estados negativos que lleva asociada. Es una realidad que pienso debería ser mejor manejada en general, tanto a nivel personal como social. Un campo de sufrimiento que tendría que ser tomado en cuenta por los profesionales de la salud. 







Las peores llamas del infierno son aquellas que nacen de la desesperanza y el sinsentido. Los profesionales de la salud lo sabemos bien. Acompañamos a muchos caminantes, como Virgilio hizo con Dante, por los pasadizos de los flamígeros círculos sanitarios llenos de procesos, estrategias de crónicos y otros peligros.

Frente a las catástrofes vitales caben muchas posibilidades, la mayoría adaptativas. Pero en ocasiones la persona se siente desbordada y pierde pie, cayendo por la resbaladiza pendiente de una adicción, una conducta peligrosa o una ideación suicida. Los desesperados son muy peligrosos, sobre todo para ellos mismos, aunque no perdamos de vista la posibilidad de que puedan hacer daño a su entorno. En el germen de muchos tipos de violencia y maltrato se esconde una pérdida de rumbo, valores o desesperanza.

Paradójicamente no es siempre fácil poner de manifiesto estas cuestiones. Algunas personalidades las guardan en la profundidad de su intimidad y no se permiten verbalizarlas a nadie. En esos casos el sufrimiento rezuma por los cuatro costados y el mismo gesto suele ser relevante pero la queja se suele disparar hacia problemas físicos o malestares circunstanciales. Será excepcional que el profesional de la salud se interese por la dimensión existencial y de valores de la persona, por lo que su situación se etiquetará como problemas biológicos varios y depresión/ansiedad que no mejora con tratamiento. A estos pacientes se les incluye entre los "difíciles" dado que no responden a ningún plan de cuidados, suelen ser hiperfrecuentadores y no dejan de quejarse por incontables cuestiones.

No nos solemos dar cuenta de que debajo de un mar de quejas hay siempre un sufrimiento profundo no atendido. Y si bien es cierto que en una consulta breve de centro de salud no es fácil desplegar el tiempo, la energía y la conciencia para desvelar estas cuestiones, también lo es que el único camino posible pasa por ofrecer la posibilidad de verbalizarlo en un entorno de confianza y eso si lo pueden ofrecer los trabajadores sociales, enfermeras y médicos.

Creo que es hora de una ampliación de rol de las profesiones sanitarias que incluya estas dimensiones de la persona que pese a ser ocultas y pertenecer a su ámbito íntimo pueden ser causa de profundo sufrimiento y enfermedad. A la par que reconocerlas y cuidarlas en los propios profesionales probablemente les protejan del exceso de queja y el desgaste profesional.



lunes, 3 de julio de 2017

Salir a correr






Como todos tengo una larga lista de cuestiones pendientes, una agenda compleja y obligaciones que atender. Pese a ello trato de buscar un rato de vez en cuando para salir a correr o a pasear, hábito que me ayuda a contemplar y entender mejor el mundo y a mí mismo. Salir de casa ya es un triunfo dado el límite espacial que impone la arquitectura a la mente humana y el virtual con que las pantallas atan a nuestro malogrado espíritu. Estamos diseñados para la intemperie y es ahí donde más a gusto nos sentimos, aunque hoy haya grandes intereses para que el personal olvide algo tan evidente.

Al correr me alejo de las calles y zonas que más suelo frecuentar, tomo distancia. Me suelo encontrar con personas que pasean solas o con perros, ciclistas u otros corredores que gusto saludar sabiendo que ese sencillo gesto es suficiente para alegrar a los demás y a uno mismo. El corazón es el primero que sonríe cuando corro recordándome el movimiento de gozo de la cola de mi viejo cocker spaniel, hace ya muchos años, cuando intuía la cercanía de una salida. Hay que sacar a pasear el corazón, y de paso las emociones, asuntos y problemas. Desplegarlos al sol como en esos tendederos de verano donde colgamos la ropa de cama al viento permitiendo que al orearse adquiera ese olor a limpio que solo el astro rey sabe dar a las cosas. Lo habitual es que dejemos nuestros trapos húmedos encerrados en cajones interiores donde con el tiempo se enmohecen y apulgaran impregnándolo todo de un hedor insalubre. Esa peste interior termina corrompiéndonos el estado de ánimo y haciéndonos perder tanto el equilibrio como el sentido. Acabamos dando vueltas en la vida, como los caballos sin rumbo por la noche, perdidos de nosotros mismos.

Cuando recomiendo salir a pasear o a correr lo hago desde la certeza de saber lo que digo. No hace falta ser un médico con experiencia ni un experto en nada. Todos sabemos que para vivir bien es necesario hacerlo y que cuando lo escatimamos somos los primeros en sufrir las consecuencias de una privación importante. Leí hace años un libro del escritor japonés Murakami en el que contaba su experiencia con el atletismo y con la literatura, actividades ambas que ejerce hasta el extremo. Me gustó que pudiera llegar a encontrarse a sí mismo con cosas tan sencillas como correr o escribir. De alguna forma a todos nos pasa igual, nos terminamos reconociendo en cosas cotidianas. Y cuando nos atrevemos a desarrollarlas con virtud nos sorprende darnos cuenta de que somos capaces de hacer algo excelente. Yo no corro maratones ni escribo novelas, me basta con treinta a sesenta minutos de carrera y con una página o dos al día para compartir un pensamiento o una reflexión. Cada cual tiene su medida. Lo que sí puedo decir es lo liberador que es hacer lo que uno está llamado a hacer, lo que incluye usar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones. El día que consiga transmitir correctamente esta sencilla idea a mis pacientes podré decir que al fin he aprendido a hacer algo medianamente bien.

viernes, 30 de junio de 2017

Tres conceptos complejos: Transhumanismo, deshumanismo, antihumanismo


Mi columna dominical de hace unos días en el Huffpost tiene que ver con tres conceptos complejos y su relación con el sufrimiento y la salud. Protagonizamos cambios que afectan a todas las esferas de existencia espoleados por una revolución tecnológica que no entendemos por completo. Es tiempo de reflexión y el presente artículo trata de ayudar a profundizar la suya.


Foto: Ricardo Cuba



Transhumanismo, deshumanismo, antihumanismo



Todos quieren tener un móvil último modelo, un ordenador nuevo, una televisión de resolución ilimitada. Coches eléctricos que se conduzcan solos, apartamentos que limpie un robot, neveras que hagan la compra por nosotros. Lo que no nos gusta tanto es tener que pagar una fortuna por estas maravillas, preferimos que los costes los asuman otros, en fábricas lejanas, en explotación invisible que nos escondan de la vista. Nos fastidia un poco que para ello haya que bajar un poco las pensiones, devaluar una pizca la educación y la sanidad pública u otros servicios esenciales cuyo deterioro progresivo a penas notamos. Eso sí, que no nos priven de ese móvil con infinitas aplicaciones, procesador de núcleos incontables y cámaras de treinta y cinco millones de píxeles, signifique esto lo que signifique.

La democracia dejó de dirimirse en las urnas, ahora elegimos el canal de televisión, la red social y la cadena de supermercados o ropa de importación, que además incluye millonarios donativos a buenas causas como plan de fidelización subliminar.

Las naciones desarrolladas se están subdesarrollando al convertir su estructura y andamiaje en un esqueleto low cost que terminará viniéndose abajo con la próxima brisa o tormenta de verano de los mercados.

Y qué decir del sufrimiento humano cuya profundidad es ahora mayor si cabe que en épocas pretéritas. Basta con asomarse a cualquier consulta de un centro de salud para comprobar como el sufrimiento se incrementa como la deuda o la inflación, siguiendo un ritmo tan acelerado y loco como esa ley de Moore de los ordenadores que los hace el doble de potentes en la mitad de tiempo. Sufren los niños, sufren los jóvenes, sufren los adultos, sufren los mayores. Casi todos acuden al sistema de salud que registra con meticulosidad las dolencias, quejas y quebrantos de cada cual, administrando con generosidad pastillas y remedios, pruebas diagnósticas y valoraciones especializadas. Lamentablemente la sanidad no cuenta en plantilla con filósofos, psicólogos, místicos, sabios, pastores o referentes en valores. Por lo que la mayoría de las cuestiones son etiquetadas como problemas físicos, psíquicos o psicosomáticos y el personal vuelve a sus quehaceres con alguna pastilla de más pero igual de confusos y atribulados, sino más.

Las cosas no van a mejorar pese a que los gurús de la tecnología afirmen que el Big Data, la telemedicina, la eSalud y otros avances revolucionarán la sanidad. En realidad lo que está pasando es que nos estamos quedando sin ella tras décadas de infrafinanciación y recortes. Caerá primero la salud mental, luego la atención primaria y finalmente los hospitales que se reconvertirán en cadenas de servicio exclusivas para unos pocos privilegiados. El resto pasará a engrosar las colas de la beneficencia que será objeto de limosnas de las grandes corporaciones o de magnates que aman hacer un bien con deducción de impuestos incluido.

Para humanizar la medicina hace falta dinero, mucho dinero. Si alguien afirma lo contrario miente vilmente. Ya llevamos muchos años de mentiras que están quemando a cientos de profesionales sanitarios que no saben qué hacer ante una situación que les desborda y para la que no están preparados, por muy extensos que sean sus curriculum.

El problema es que la situación no tiene vuelta atrás. No es posible apagar internet ni devolver al fabricante la retahíla de gadgets que adorna nuestra cotidianidad desde que abrimos los ojos por la mañana y miramos el móvil hasta que los cerramos por la noche tras apagar la correspondiente pantalla. Toca pagar y el precio va a ser alto. De momento parece que no porque lo hemos aplazado, como con tantas otras cosas. Pero al final tendremos que pagar con interés una "libra de carne" que tal vez nos deje más maltrechos de lo que con ingenuidad imaginamos, como pasó con aquel joven que tuvo problemas de deudas con un cruel mercader veneciano.

Tal vez en poco tiempo tengamos transhumanos que pasen al cielo de los elegidos. Lo que está claro es que tendremos turbas deshumanizadas en los infiernos cotidianos y que con seguridad surgirán antihumanos ya sea de silicio o de fundamentalismos varios a la carta.

Si lo dicho hasta ahora parece descorazonador tendrán que perdonarme pero no ha sido posible edulcorarlo. Si lo incorporan a su reflexión y a la de sus círculos de conversación al menos tendrán la posibilidad de comprobar o no su verosimilitud y prepararse para cambios que serán mucho mayores a lo que llevan visto.

lunes, 26 de junio de 2017

Narrativa, silencio y vacuidad





El drama de todo el que se considera escritor nace el día en que se da cuenta de que lo verdaderamente valioso es el silencio. Habitamos mundos de ruido caracterizados por encarnar la prisa y el barullo en su infinitas posibilidades. Tratar de hilvanar narrativas o versos en dicha coyuntura es meritorio pero aun lo es más construir silencios asentados en un equilibrio razonable. Las cosas, situaciones y seres que nos rodean merecen ser tomados en cuenta con dignidad pero el nivel de atención que les dedicamos pocas veces cumple un mínimo de calidad. Es el drama de nuestra humanidad, somos hermosos seres con la capacidad de contemplar que se pierden en laberintos de despiste y no despliegan sus maravillosas cualidades. Esto nos hace desdichados por cuanto dejamos por un lado de ejercer aquello que más nos humaniza y por otro nos morimos de hambre por no recibir la atención necesaria.

Siempre he amado las primeras horas del día. Ese tiempo mágico en el que la mayoría aun duerme y que se caracteriza por su callada fuerza. La luz se expande invitando a los seres a la acción, ser testigo de ese gesto cotidiano y apuntalarlo con la alegría del que se sabe custodio de otro día de vida me pone de buen humor. Con esa disposición me aseo, medito, escribo o salgo a correr. Y en cada itinerario descubro un gozo inédito, los principiantes empezamos a vivir cada mañana, y de esa forma el aburrimiento se mantiene alejado de nosotros dado que cada intento es nuevo, cada acierto, cada error, todo es volver a empezar. Incluso al escribir sabemos que cada hoja es la primera como aquella novela que repetía incansable una misma jornada de su protagonista. Tal vez por eso el silencio vuelva a surgir como un tesoro. Al ser nuevo y viejo a la vez, lleno y vacío, origen y destino. Todo cabe en él y al mismo tiempo nos demuestra que es pura nada. Por eso me cuesta compartir las letras que dejan testimonio de mi pensamiento. Lo verdaderamente esencial es inefable como saben los místicos o los enamorados. Y el resto de las cosas carece de importancia. Pido pues sus disculpas por haber ocupado un instante su atención, espero al menos haberle podido animar para que disfrute un poco más el tiempo que contienen sus manos.

viernes, 23 de junio de 2017

Conciencia, Compasión y Espiritualidad en clínica





Congreso entrevista clínica, Córdoba 12-13 octubre 2017



Los que me conocen saben que uno de mis congresos de referencia es el que organiza el grupo de Comunicación y Salud de Semfyc que este año se celebrará en Córdoba y asume unos retos enormes al tratar de  hacerlo asequible a muchas más personas (han bajado el precio pese a no tener patrocinadores industriales), abrirlo a cualquier perfil sanitario y en formación, así como ofrecer una calidad y cantidad de actividades difíciles de igualar. Pero lo que de verdad lo hará especial es que vengas tú, y si perteneces al mundo del periodismo, la gestión sanitaria, el ámbito hospitalario, si eres enfermera, psicóloga, médico, trabajador social, trabajas en urgencias o sencillamente te interesa mejorar tu comunicación profesional ten por seguro que serás muy bienvenida.



Participarán 112 ponentes, 56 talleres y 12 mesas redondas, es uno de los mejores programas de su historia dinamizado por unos comités organizador y científico ejemplares.


Me tendrán a su disposición en dos mesas:

El día 12 oct a las 15:45 junto a la dra. Isabel Núñez: Conciencia, Compasión y Espiritualidad en clínica
y el 13 junto a Emilio de Benito y Joan Carles March: Paciente informado vs paciente desinformado.


Comparto algunas ideas de la primera propuesta para tratar de animarles a seguir la misma. 




 Conciencia, Compasión y Espiritualidad en clínica


Vivimos tiempos en los que el paradigma de evolución de la medicina parece estar mediatizado por el gran desarrollo tecnológico. Usar tecnología aplicada para mejorar la salud es bueno pero no debemos ser ingenuos, si no miramos a los ojos y escuchamos con plena atención al paciente nuestra actuación no será correcta. 

Existen hoy potentes fuerzas deshumanizadoras de la relación sanitario-paciente. Ponemos como ejemplo la sobrecarga de los profesionales, el agobio de estos, la desinversión en servicios sanitarios, las estructuras organizativas obsoletas, la falta de liderazgo y de trabajo en equipo, la prisa, la obsesión por la eficacia, el modelo de crónicos basado en patologías y no en la persona y el exceso de ruido en todo lo concerniente a la salud y la enfermedad.

Humanizar significa priorizar y desarrollar lo humano. En la asistencia sanitaria tiene que ver con la forma en que el paciente es tratado, con la relación sanitario-paciente y con aplicación de comunicación de máxima calidad. Ingredientes como la conciencia plena y la compasión son fundamentales. También reconocer todas las dimensiones del ser humano  en su complejidad e interdependencia y no quedarnos sólo en los niveles psicosomáticos.

El enfoque biopsicosocial del ser humano constituyó un gran avance en clínica a la hora de tratar y cuidar a una persona en tiempo de enfermar. Sin embargo las ciencias aplicadas de la salud no terminan de tener en cuenta su amplia dimensión existencial, espiritual o transcendente salvo excepciones como los cuidados paliativos.

Estamos atrapados por deficiniones de salud como la de la OMS: "La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y también social, no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia", en las que se equipara salud con bienestar, viniendo a decir que el malestar nos aleja de la salud, cuando esto no siempre es así. La vida lleva implícita una carga inherente de malestar que no es enfermedad. El problema surge cuando el ciudadano ante cualquier tipo de malestar acude al sistema sanitario por ayuda. Es frecuente que a consulta acudan personas que sufren por una pérdida, un problema relacional, laboral o económico. De esta confusión se derivan problemas como la saturación del servicio sanitario, el sobrediagnóstico, el sobretratamiento y la pérdida de tiempo y energía por ambas partes. 


Reconocer y acoger el sufrimiento y el malestar del paciente es labor de los profesionales de la salud que en todos los casos habrían de ser capaces de nominalizar la situación para ayudar al paciente a construir su propia narrativa. Contextualizar también es importante, mucho sufrimiento y malestar no pertenece al ámbito de la enfermedad y habrá de ser manejado fuera del sistema sanitario. Orientar finalmente cerraría el proceso que permita al ciudadano seguir caminando hacia la solución o mejor manejo de su problema. Para su correcto despliegue estas habilidades precisan de un alto nivel de conciencia y empatía por parte de los profesionales. 

Para conseguir mejorar la conciencia plena en consulta es necesario detectar los distractores y automatismos tanto externos como internos. También ayudarán todas aquellas circunstancias que aporten calibración, equilibrio y afinamiento al profesional como actividades artísticas, musicales, literarias, o cualquier actividad creativa, hacer deporte, cultivar espacios de silencio de calidad y buena comunicación, etc...

La empatía se ha reconocido desde hace años como imprescindible en toda profesión o actividad de ayuda a otros. Hay grados de calidad en la misma siendo el superior la empatía compasiva que es capaz de transmitir a la persona que sufre comprensión, confianza, seguridad, aliento y apoyo. Esta habilidad también es susceptible de mejora continua tanto con la práctica externa como con ejercicios personales como los que implementan las terapias psicológicas cuaternarias.

Ampliar la visión de los profesionales de la salud para que tengan en cuenta esta capa de realidad de sus pacientes redundará en una relación clínica más sólida y un mejor cuidado de estos, así como en mejorar los autocuidados propios y en la prevención del desgaste profesional.

El taller tratará de establecer un marco teórico y práctico para ayudar a que cada profesional de la salud pueda identificar esa dimensión en sí mismo y relacionarse con la del paciente cuando sea adecuado por su situación clínica o su circunstancia.





ESTRUCTURA DE LA MESA

1. Experiencia personal de sufrimiento, enfermedad y muerte. 
2. Espiritualidad en ciencias de la salud. Marco teórico.
3. Dimensión existencial/espiritual/transcendente del profesional y del paciente, ¿Es posible el encuentro?
3. ¿Cómo generar conciencia en consulta?
4. ¿Cómo generar compasion en consulta? 
5. Manejo práctico del sufrimiento de causa existencial/espiritual/trascendente en consulta



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Si tienen interés pueden visitar la web del congreso aquí, el blog, o echar un ojo al programa


Pueden seguirlo en Twitter: @congresoCyS y también en la etiqueta  #eclinica2017

miércoles, 21 de junio de 2017

¿Tiene futuro el derecho a la salud?






En mi columna del Huffpost de esta semana reflexiono sobre el futuro del derecho a la salud. Algo complejo cuando vemos que los sistemas sanitarios públicos menguan y los seguros privados crecen mientras la percepción de malestar (enfermedad) no deja de aumentar. 




El futuro del derecho a la salud.



Los enfermos necesitan profesionales sanitarios calibrados, atentos y compasivos. Estos a su vez precisan ser capaces de ejercer su servicio de la manera más afinada posible. 

El choque de trenes se produce cuando la expectativa del enfermo pone en la mano del profesional soluciones a sus problemas que no son delegables por ser de ámbito estrictamente personal. O bien el profesional trata de dar lo mejor de sí pero no puede por problemas personales, falta de equilibrio interno o sobrecarga de su puesto de trabajo.

No es fácil dar respuesta a una situación que, si bien es más frecuente de lo que imaginamos, tiene una solución complicada mientras no miremos todos en la dirección correcta. Los dedos suelen señalar el presupuesto deficitario o menguante, las políticas ineficientes o los diseños organizacionales obsoletos. No está mal, todas esas cosas han de mejorarse. Pero hay que dar un paso más para comprender en profundidad el asunto. La sociedad sufre un proceso de adaptación brutal en el que tiene que asumir cambios en una proporción e intensidad jamás vistos en lo que conocemos de la historia. La antropología y la cosmología se desdibujan mientras esperamos la irrupción de algo nuevo que no sabemos todavía bien qué es.

Pero seguimos sufriendo y enfermando. Las soluciones que nos ofrece la tecnología son aun muy parciales. Como primates que somos seguimos pidiendo que alguien nos sostenga la mano al enfermar y al morir y eso no lo hacen ni lo harán nunca los chatbots, APPs ni programas de inteligencia artificial.

Los sanitarios por su lado también sufren desconcierto ante campos de conocimiento que se expanden a una velocidad que ningún humano puede seguir. Los especialistas son empujados a disminuir todavía más su campo de trabajo. Los generalistas comprueban que lo que antes valía ya no vale y no es nada fácil adquirir las progresivas competencias que la sociedad red exige.

Los gestores se hunden en el pánico que les ancla a sus despachos y pantallas. No se atreven a salir ni a establecer puentes de comunicación con subalternos o ciudadanía cada vez más displicentes y enfadados.

Nos hundimos, y eso no gusta a nadie. Ni a la marinería, ni al pasaje ni a este pobre músico que sigue con disciplina regalando acordes a una escena dramática. No basta saber que hemos chocado con un obstáculo insalvable. El barco-humanidad tiene recursos para salvarse y opciones para decidir hacerlo bien o dejarse llevar por el miedo y el caos y mandarlo todo al infierno.

Un servidor es optimista. Si podemos estar reflexionando esto juntos también somos capaces de ponernos manos a la obra trabajando en equipo. Para empezar atrevámonos a convertir esta inquietud en conversación. Hablémoslo con amigos, familiares o compañeros de trabajo. Hagámonos preguntas y hagámoselas a los demás. Escuchemos lo que otros puedan pensar al respecto. 

La inteligencia colectiva existe. Más cerca de lo que tal vez intuyamos.

martes, 20 de junio de 2017

Confusión




Manual de instrucciones para abanicos de papel de bolsillo.





Si una palabra es capaz de definir nuestro tiempo es confusión. Nunca antes hemos estado tan informados de noticias falsas, vacías o intrascendentes. El exceso de ruido de fondo nos confunde y terminamos escuchando al que más grita. La sociedad está huérfana, no quedan referentes a los que pedir orientación, y si quedan son invisibles a las masas sepultados tras vídeos de gatitos, whatsap con chistes y otros memes que circulan de cuñado a cuñado.


En las últimas semanas nos enteramos de que un millonario ha donado dinero al sistema sanitario, algo tan inusual como sorprendente. Al instante cada cual opina a favor o en contra con mayor o menor criterio, eso da igual. En mi casa me enseñaron de pequeño que dar limosna estaba bien pero era prudente hacerlo de manera discreta. Parece que otros no piensan igual en un mundo donde todo se convierte en mediático. En cualquier caso desprenderse de lo que sobra es de justicia y además produce paz interior, algo difícil de encontrar para muchos. La única cuestión que sugeriría a quien desee financiar la sanidad es que se acuerden de todos esos trabajadores sociales, administrativos, enfermeras y médicos que realizan labores en puestos rurales o en barrios con dificultades sociales. Una unidad hiperespecializada hospitalaria seguro que tiene más glamour y también precisa de ingente financiación pero hay muchos otros frentes que se mantienen en precarias condiciones. Los cuidados sanitarios son muy amplios, si olvidamos a los más mayores, discapacitados, afectados de patología mental severa y desfavorecidos estaremos fallando.



En 4 años recortan gasto 3.8% en AP y suben 4.9% en hospital. La Atención Primaria sigue siendo "Ultimaria"

Fuente: https://t.co/seYKJaA7vd




Por otro lado se da visibilidad a periodistas o famosos que dicen tonterías sobre las vacunas u otros temas o a consejeros de sanidad que animan a superar la ola de calor con abanicos de papel en lugar de dársela a miles de profesionales de la salud que consiguen mantener la cordura pese a soportar cargas de trabajo y responsabilidad claramente sobredimensionadas. En mi humilde opinión creo que es necesario aplicar inteligencia ante lo intrascendente por muchas ganas que nos den de entrar al trapo. Lo mejor que se puede hacer ante una noticia falsa o una cuestión claramente insostenible es aportar razones fundadas que corrijan el error sin hacer incapie en el protagonista del enredo que probablemente busque que hablen de él. 

No me verán por tanto criticando a periodistas, famosos, próceres y demás desde estas páginas, salvo las consabidas excepciones que confirman la regla. Como médico de pueblo me tomo en serio la labor de orientar a mis pacientes y a la sociedad para calmar un poco la confusión que sufren. Por eso animo siempre a mis compañeros sanitarios a salir de las consultas y hacer valer una voz de autoridad labrada tras incontables horas de estudio y práctica. Cosa que no tienen la mayoría de los que copan los medios de comunicación de masas.

También animo a todo ciudadano a reflexionar y ser crítico con la información de salud que llegue a sus manos. Busquen fuentes solventes, sigan a perfiles públicos de reconocida trayectoria y si es posible que conozcan directamente. En su barrio o comunidad seguro que encuentran a algún farmacéutico, enfermera, médico o demás que compartan su punto de vista y a los que pueda seguir por medios electrónicos o con los que pueda hablar en persona. Y si no conoce le dejo aquí unas cuantas pistas.


lunes, 19 de junio de 2017

Presentación del libro Humanizando los Cuidados Intensivos





Hoy a las 19.30h en el salón de actos del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, se presentará el libro del Proyecto HUCI que coordina Gabi Heras. Contará con la presencia del Consejero de Sanidad y otras autoridades.


El libro es un paso más de este proyecto que trata de humanizar la asistencia a los enfermos graves que requieren de una unidad de cuidados intensivos.

Dada la amistad que me une al doctor Heras, hago público mi conflicto de intereses. Recomiendo esta iniciativa y el trabajo de mi colega sabiendo que parten de una visión privilegiada y de un corazón noble.





viernes, 16 de junio de 2017

i-botika Información ciudadana sobre medicamentos






El servicio vasco de salud, Osakidetza, tiene una excelente página de recursos sobre medicamentos para ciudadanos. 

Dispone de enlaces a otras fuentes de información seguras, una colección de fichas sobre medicamentos, algunos vídeos y un diccionario.

Creo que este material puede ser de utilidad para cualquier ciudadano y para uso educativos en centros sanitarios.

Sería deseable que en lugar de multiplicar esfuerzos en las 17 comunidades autónomas fuéramos capaces de unir fuerzas para generar herramientas de divulgación de calidad con más visibilidad.








No dejes de mirar la lista de fichas, aquí.

lunes, 12 de junio de 2017

¿Cómo explicar que a veces en la salud hay sufrimiento?






Leía recientemente unos artículos ingleses que ponían sobre la mesa el hecho de que la sanidad británica sufre un proceso de desintegración grave. No pude evitar sonreirme con ironía al constatar que los problemas han dejado de ser locales. La globalización ha llegado a todos tanto para lo bueno como para lo malo. En España pasa lo mismo, al igual que en el resto de países del entorno. La sobrecarga, la falta de recursos, la desinversión... se esgrimen como causas directas pero hay una más de la que nadie habla que tiene que ver con la taxonomía.

La medicina es una ciencia muy ordenada que precisa de coordenadas precisas para todo. Por ello describe meticulosas taxomías diagnósticas y terapéuticas que son catálogos extensos con la misión de etiquetar todo lo que la ciencia detecta como patológico. El problema surge cuando la sociedad tiene una visión del ser humano un tanto neblinosa. Me explico, en occidente la ciencia reconoce al ser humano tres ámbitos: físico, psicológico y social. Los tres medibles y cuantificables. Los tres incluídos en la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud que equipara la misma a bienestar. 

Surgen dos problemas derivados de esto. El primero tiene que ver con las tres dimensiones humanas que dejan una cuarta en el armario. A esta definición del ser humano le falta la parcela existencial, donde descansan los valores, la ética, el sentido de la vida, la trascendencia, las creencias y todo aquello que siendo humano no es medible. El segundo nace de la equiparación de salud y bienestar, que si bien es una asociación útil al mercado (si quiere estar sano consuma salud, si está enfermo consuma servicios sanitarios), es nefasta para el individuo.

Dentro de la salud hay dolor y sufrimiento así como dentro de la enfermedad puede haber paz y serenidad. En tiempo de salud uno puede experimentar dolor al clavarse una espina de rosa o al tropezar y caer en la calle. Dolor breve cuya misión es avisar y que no convierte la situación en una enfermedad. En tiempo de salud uno puede experimentar profundos sufrimientos al enfrentarse a circunstacias vitales difíciles como la pérdida de un familiar, una separación, un problema grave de alguien querido, una situación laboral injusta o por conflictos de relación de cualquier tipo. ¿Se está enfermo por ello?, claramente no. Pero es normal que ante una desazón intensa vayamos al sistema sanitario a pedir ayuda. Si nos encontramos con un profesional sobrecargado que solo nos puede atender cinco minutos es probable que salgamos de la consulta con una receta o un parte de interconsulta a salud mental: el sistema nos invita a quedarnos, nos etiqueta como enfermos. Si nos encontramos con un profesional lúcido que ese día tenga algo más de tiempo tal vez se detenga a explicarnos que nuestro sufrimiento, por muy grande que sea, no es una enfermedad ni tampoco va a convertirse en ella y que no es necesario etiquetarlo como tal, ni medicalizarlo, ni sanitarizarlo.

España es el segundo país del mundo en consumo de psicofármacos. Puedo dercirles que el que los médicos de familia estén altamente sobrecargados es un factor importante. Otro que estamos ciegos a codificaciones diagnósticas que incluyan la esfera existencial. Otro no saber explicar correctamente que en la salud hay sufrimiento.

Los adelantos tecnológicos o de gestión podrán servir de ayuda pero si hay algo que pueda salvar al sistema sanitario de su inminente hundimiento tendrá que ver con la toma de conciencia y la respuesta que podamos dar a la pregunta que da pie a esta reflexión. 


viernes, 9 de junio de 2017

¿Deben tener los profesionales sanitarios presencia digital?



"Todo lo que no haya sido construido para una era conectada - política, economía, seguridad nacional, educación- va a petar ante la presión de la misma".
OECD forum. Imagen vía @edans








Una sociedad hiperconectada requiere profesionales conectados. Los tiempos digitales que vivimos no toleran bien lo analógico. Un cambio de pensamiento ha venido para quedarse. Por eso llevo años defendiendo la posición del cambio de rol profesional en entornos sanitarios hacia perfiles que aumenten las conexiones entre profesionales que incluyan también a pacientes y resto de la ciudadanía.

Lo he defendido en todo tipo de foros, desde congresos regionales nacionales, hasta jornadas especializadas. Desde encuentros con Consejeros de Sanidad a reuniones en mi centro de salud.


Lo sigo haciendo esta semana en Córdoba, donde impartiré un taller de social media, con estudio de casos, para el que he preparado la presentación que adjunto.


El nivel de los profesionales de la salud españoles es muy alto. Seguirá mejorando a medida que aprendamos a conectarnos, comunicarnos y escucharnos mejor. La división y la lucha de intereses ha caracterizado este colectivo, ahora tenemos las herramientas que nos permiten aprender de otros y mostrar a su vez lo que nosotros podemos aportar. La ciudadanía necesita que sus profesionales sean más visibles y generen contenidos y conversaciones abiertas que vayan más lejos de los cerrados ámbitos sanitarios.


Cada unidad de comunicación digital emitida tiene un impacto. Aprender a generar valor y no solo ruido es una labor compleja que requiere práctica, conocimiento y arrestos. Creo que es posible que desde el colectivo de enfermeras, psicólogos, fisioterapeutas, médicos y todo aquel que participe en el cuidado y acompañamiento de enfermos, creemos información de calidad y presencia digital.




Los límites de la medicina



 Foto: Leticia Ruiz Rivera


Cada día que pasa tomo más conciencia de los límites de la medicina. No es fácil. Todo parece decirnos que vamos sobre la cresta de una ola tecnológica que avanza a gran velocidad sin encontrar nada que la detenga. Un servidor encuentra tres escollos importantes que me gustaría desgranar con ustedes.



Empezaré con el límite humano, el más prosaico, el más cercano. Tando los profesionales sanitarios como los pacientes que tratan tienen límites. De inteligencia, agudeza, criterio, resistencia, constancia, capacidad, esperanza... Los profesionales sanitarios están sometidos a presiones crecientes que les están llevando al máximo de su capacidad humana. Se les exigen guardias de 24 horas sin parangón en las demás profesiones. Se les exige pasar consultas sobrecargadas muchos días del año, y cuando digo sobrecargadas digo 40, 50, 60 pacientes en un turno. Se les exige estar al día en campos de conocimiento exponenciales que exigen varias horas de estudio al día. Se les exige dar respuesta a cualquier tipo de malestar, sea cual sea su origen aunque no haya enfermedad (pérdidas de seres queridos, separaciones, conflictos laborales, familiares, soledad, pocas relaciones sociales...).

Los ciudadanos por su parte están confundidos. Se les ha vendido la idea de que tienen derecho a la salud y que la salud es bienestar. Ergo el malestar es enfermedad que puede ser tratada por el sistema sanitario. La idea es totalmente venenosa pero casi todos la aceptamos con normalidad y de esta forma vamos al médico cuando nos sentimos mal porque ha fallecido algún allegado o porque alguien nos fastidia en el trabajo. Muchos acaban medicalizados o sanitarizados mientras su problema sigue ahí. Faltaría más que los pobres profesionales tuvieran una barita mágica para arreglar cualquier cuita... Al fina la hipermedicalización social se cobra su emolumentos con efectos secundarios y daños no deseados mientras nos hace cada vez más dependientes de la sanidad y del mercado.


 Foto: Leticia Ruiz Rivera



El límite ético de la medicina es más delicado. La axiología nos dice que no es posible elegir a la vez varios valores, estos tienen siempre una graduación de lo más importante a lo menos. El manido mantra "bueno, bonito y barato" de los vendedores de baratijas es tan falso como los productos que suelen ofrecer. En sanidad pasa lo mismo. Mantener la salud no es fácil, hay que luchar contra convencionalismos, hábitos de vida indeseables y costumbres arraigadas. La medicina no puede solucionarlo todo. Los que más saben de salubrismo nos dicen que merece la pena construir sistemas sanitarios basados en la solidaridad donde los más sanos ayuden a los más enfermos. Hoy las leyes del mercado se empecinan en decirnos lo contrario, que cada cual pague su fiesta. Lo malo es que cuando uno está verdaderamente enfermo no está en la mejor condición para pagar la ronda. Por otro lado nadie sabe como priorizar bien los recursos sanitarios. ¿Qué es más importante la urgencia o el hospital, los transplantes o la atención primaria? Cada vez gastamos más dinero en tratamientos complejos y menos en enfermeras y médicos de cabecera. Se prima más la técnica que la escucha cuando lo que necesitan muchos con vehemencia es lo segundo.

La medicina necesita reconocer sus limitaciones, para ello tendremos que redefinir lo que es un ser humano, qué dimensiones tiene, para poder redefinir lo que es salud y lo que es enfermedad. Diferenciando de una vez entre salud y bienestar y enfermedad y malestar, que no son lo mismo aunque se parezcan. Cada cual habrá de responsabilizarse de su propio malestar y aprender a manejarlo lo mejor que pueda. Si no se hace así y se delega sistemáticamente perdemos todos, como individuos y como sociedad.

 Foto: Leticia Ruiz Rivera


El tercer límite es el científico-técnico. La idea erronea aquí es que la tecnología lo solucionará todo con el tiempo. No es verdad. La ciencia y su paradigma de conocimiento es muy útil para estudiar algunos aspectos de la realidad pero no la totalidad. La ciencia no puede estudiar la complejidad humana, sus aspiraciones y deseos, su necesidad existencial, el delicado equilibrio entre pensamiento, sentimiento y acción. La técnica por otro lado puede dar soluciones pero  siempre quedarán flecos o cuestiones no atendidas. Enfermedades raras o enfermos particulares, ecuaciones cuya solución no sea un número racional. El paradigma científico-técnico es inutil en la esfera existencial del ser humano. Esa parte donde reposan sus anhelos, creencias, aspiraciones, valores. Esa zona donde cada cual trata de buscar el sentido de su vida, la trascendencia y el código ético en el que basar sus acciones. Cuando las llamas de sufrimiento nacen de esta parcela no las apagaremos con medicamentos, aplicaciones o protocolos intervencionistas. En muchas ocasiones lo máximo que puede hacer un ser humano para ayudar a otro es estar.


Mucho más se podría profundizar pero lo dejaremos aquí con la intención de que los que ejercemos la medicina podamos ser conscientes de la poca agua que cabe en nuestras manos y los que no la ejercen recuerden que siguen siendo sus principales valedores a la hora de manejar el sufrimiento propio. Hay heridas vedadas para el mundo, a las que solo puede acceder su protagonista. Aprender a reconocerlas y a tratarlas es un reto social que nos invita a todos a avanzar juntos.




Fotos de la serie límites de Leticia Ruíz Rivera actualmente expuesta en la EASP de Granada.
Son fotografías de médicos residentes antes y después de una guardia de 24 horas que ilustran cómo se queda la cara tras tanto tiempo en una unidad tan exigente. Y no solo la cara, el alma queda igual. La sensibilidad de la fotógrafa es muy de agradecer en este excelente trabajo.

miércoles, 7 de junio de 2017

El exterminio de los Jedis sanitarios






El imperio galáctico terminó exterminando a todos los caballeros Jedi cuando se dio cuenta de que la ética de estos iba contra sus intereses. Este hecho que la saga de la Guerra de las Galaxias nos ha ido sirviendo en sucesivos largometrajes no es más que una repetición de una constante histórica: al final prevalecen las razones del más poderoso. 

En el Sistema Sanitario pasa lo mismo, también tenemos Jedis. Son caballeros que tratan de hacer su trabajo lo mejor posible defendiendo una consulta de enfermería o de medicina de familia por ejemplo. Son profesionales con experiencia y buena formación capaces de enfrentarse a situaciones muy complejas o de gran incertidumbre. De acompañar enfermedades graves, procesos de agonía, defunciones, duelos, catástrofes familiares, suma desesperanza. Lamentablemente se están quedando sin Fuerza y cada vez las promociones nuevas son menos numerosas.






Pero al Mercado no le interesan los Jedis. Más aún, le vienen mal por esa manía insistente de hablar claro y decir las cosas como son. Los Jedis sanitarios llevan años diciendo que la sanidad se está convirtiendo en un Mc Donalds, que no es posible atender a los pacientes como si fueran ganado en una urgencia hospitalaria o en una consulta de centro de salud. Que no está bien que un médico vea más de 35 pacientes al día, mucho menos si son 45 o 55. Que no podemos dedicar menos tiempo a una persona que un veterinario a sus pequeños pacientes.

En el Reino Unido tienen los mismos problemas que nosotros, también allí se están merendando a los Jedi con patatas. La globalización es lo que tiene, los problemas ya no tienen fronteras.





Lo que me planteo es hasta qué punto los Jedis se dejarán comer la merienda. Hasta qué punto lo hará la ciudadanía. Porque lo que está claro es que lo están haciendo. El menguante estado del bienestar ha devenido en low cost y sus servicios estrella, educación y sanidad, también.

Es verdad que la economía cada vez depende más de Bruselas, pero esto no debería evitar que pensemos un poco al respecto. Si nos quedamos sin buenos maestros y buenos profesionales de la salud habremos perdido algo importante. Se lo cuenta alguien que conoce lo frágiles que son los seres humanos sometidos a gran presión.







lunes, 5 de junio de 2017

La jubilación de Paco Traver





Hace unos días se ha jubilado Paco Traver, uno de los psiquiatras más lúcidos que ha producido este país. El actual estado de cosas impide que profesionales de gran valor no puedan seguir prestando sus servicios en la sanidad pública. Creo que es un lujo que no nos podemos permitir, pero así están las cosas. Aprovecho su discurso de despedida para extractar y comentar algunas de sus ideas, muchas de las cuales suscribo desde mi punto de vista de médico de familia. 


Transcribo en gris las ideas de Paco Traver añadiendo negritas mías. Mis comentarios en negro y menor tamaño tipográfico.




El término “salud mental” no es más que una falacia.

La OMS tiene una definición de salud que se distingue mal del bienestar y la felicidad. Es muy arriesgado confundirlas dado que el beneficio de mercantilizar la salud se pierde cuando la mayoría se autoconsidera enfermo.



 (Una vez dados de alta de una Unidad Hospitalaria) Los enfermos más graves se pierden por esas grietas mientras las Unidades de Salud Mental siguen bloqueadas por problemas mentales espurios, problemas sociales, informes jurídicos y laborales y diversas adversidades de la vida.
Las unidades de psiquiatría de atención primaria llevan saturadas desde su inicio como su pariente pobre los centros de salud. También en medicina de familia estamos bloqueados por burocracia y problemas diversos que nadie ha tenido el valor de filtrar. 

No hay un observatorio mejor que una Unidad de Salud Mental para ver como los individuos recurren a la Psiquiatría para resolver problemas que ni son psiquiátricos ni sanitarios. Y naturalmente la Psiquiatría no sirve para eso y la psicología tampoco. La mayor parte de la población buscan soluciones fáciles que no hacen sino menoscabar su resiliencia. Y no hay nada tan fácil como buscar una pastilla para dormir sino se duerme o en otra para estar relajado si uno está preocupado
Como médico de familia suscribo cada una de estas palabras. Estamos empastillando al personal por una parte por petición de este y por otra por no disponer de un mínimo tiempo para explicar que lo que le pasa al paciente es la vida y no una enfermedad.


Vienen muy malos tiempos para la Psiquiatría, van a haber más recortes en el seno de una reforma inacabada, más patologías que atender y más pacientes graves resbalando por las grietas del sistema. Obviamente el crecimiento sostenible no existe: todo crecimiento es insostenible y si se aguanta es gracias, al déficit, la deuda y los impuestos.Y si no podemos crecer eternamente no tenemos más remedio que repensar nuestra especialidad, repensar qué pacientes tienen enfermedades y qué pacientes no las tienen.

También vivimos tiempos malos en Atención Primaria, con sobrecargas que van en aumento y un horizonte que une envejecimiento social, precariedad económica y complejidad.

Necesitamos una nueva nosología psiquiátrica que supere los DSMs generados bajo el auspicio de la industria y que defina y discrimine lo patológico de lo adaptativo.  Sin respeto a las leyes del apego un niño hoy tiene todas las probabilidades de convertirse en un enfermo mental mañana.
Redefinir lo que es Salud y Enfermedad es esencial para toda la sociedad. No va a ser tarea fácil. Si no lo logramos los profesionales junto a la ciudadanía y los políticos lo hará el mercado.

La psiquiatría del futuro tendrá que abordar este problema de una vez (la patologización psiquiátrica infantil) y denunciar como ciertas ingenierías sociales interfieren con la salud de los niños: la sexualización precoz, la infantilización de los padres, las políticas de igualdad, la mercantilización de la vida, los escasos espacios de juego al aire libre, la alimentación deficitaria y la escasa presencia de los padres en el hogar son multicausas de un estado de cosas que no parecen independientes de una mente perversa que trata sin duda de socavar nuestra civilización y nuestra forma de vida.
Los niños de 14 años pasan a las consultas de Medicina de Familia convertidos en enfermos crónicos con numerosos episodios clínicos y etiquetas diagnósticas. La pediatría de Atención Primaria ha fracasado con sus programas de niño sano que han acabado por “patologizar”  grandes muchedumbres de familias atribuladas.



viernes, 2 de junio de 2017

El flautista epidemiólogo de Hamelin





Me publican hoy en el Huffington Post este cuento de hadas con el que trato de amenizarles un poco el día. No es nada nuevo que no hayamos dicho antes, tan solo aplicamos un mínimo de ironía que espero no haga daño a nadie. 




Les traigo hoy un bonito cuento de hadas medieval que unos investigadores han rescatado del inmenso tesoro narrativo europeo que sostiene nuestra civilización.
La ciudad de Hamelin estaba sumida en el desastre. Las ratas, enfermedades, pústulas y demás hacían verdaderos estragos. El alcaide y el consejo temían que las protestas acabaran con ellos y que la gente eligiese finalmente a un tal Paulo de la Iglesia, un predicador enjuto con don de gentes. Decidieron ofrecer una recompensa en oro a quien librara la ciudad de tantos males y epidemias.
Un flautista especializado en sistemas sanitarios se enteró y acudió a la ciudad postulándose para arreglar las cosas. "Necesitan ustedes crear una Atención Primaria en condiciones. Denme presupuesto y yo me encargo", les dijo convencido. El alcaide pensó que era otro cantamañanas más y le incitó a explicar su propuesta bajo una mirada de enorme suspicacia. El flautista enunció su plan en tono didáctico. "Miren, tienen ustedes el hospital de las monjas saturado. Los magos de los barrios no dan abasto en sus consultorios de cupo, en los que atienden a 80 pacientes en dos horas. Les daremos una flauta mir como esta para que, además de arreglar problemas físicos, puedan enmendar los psicológicos y los sociales, les daremos más horas de trabajo al día y podrán arreglar la mayoría de los asuntos para que al hospital vayan solo los más complicados". El alcaide dudaba, pero el consejo vio sensatez en el plan del flautista y le adelantaron unos doblones para ponerlo en marcha.
Al poco, cada barrio tenía un mago de familia en consultorios nuevos y, efectivamente, las ratas, enfermedades y pústulas desaparecieron. Los vendedores de pócimas y las monjitas se quejaron al alcaide de la situación, se estaban arruinando, dado que cada día tenían menos público. "Denos a nosotras la bolsa de oro, como siempre, ese flautista de barbas no es de fiar", y como le engatusaron con pastas y mantecados, así lo hizo. Cuando el flautista acudió de nuevo a recoger lo suyo, le dijeron que la saca estaba vacía y que Bruselas no iba a mandar más en mucho tiempo. Sapos y culebras salieron de la boca, tanto del flautista como de los magos de familia, que llevaban mucho tiempo trabajando a destajo cada vez más sobrecargados. Se sentían engañados, no sin razón.
Las últimas páginas del cuento han llegado a nosotros dañadas. Parece que los magos de familia, al ver su flauta apolillada, fueron regresando poco a poco a sus quehaceres de magos rasos de cupo, y el hospital de las monjas se volvió a saturar, pese a los planes de crónicos y de innovación de la madre superiora. A los vendedores de pócimas les vino bien que regresaran ratas, enfermedades y pústulas. Del alcaide y el consejo poco sabemos. Aquel fracaso, por una parte, les daba igual, al tener una mutua privada de magos, pero parece que finalmente fueron expulsados del Ayuntamiento por algún predicador con coleta.