viernes, 15 de junio de 2018

La fuente de la vida. The source of life




The source of life.


Many traditions have narratives about the source of life including parallel stories of eternal youth, the holy grail and other searches. In them we find the human being's yearning to live and transcend the limitation of death. This imperious desire has generated cosmologies, mythologies and religions, built pyramids, ziggurats and temples. In short: it has driven human beings to seek meaning.

In each epoch, this search has been carried out in different ways. Scouts were sent to the ends of the world, eyes were focused on the starry night, efforts were made to study and meditate or spaces and buildings were built. Today, science and technology seem to be searching for meaning and many find life or youth in cosmetic surgery or vain pleasures, as has always been the case. We also find sellers of meaning in sects or new age products that offer old pearls of wisdom conveniently made up. Nothing new under the sun.

However, the common people seem to have forgotten the access to the sources of life that although they continue to flow, they do so with a slight rumour that the din of everyday life completely erases. Modern societies seem to turn their backs on the religions and mystics who knew these narrow paths. Faith dogmas, hierarchies, structures of other times and rigid morals have driven many away. The misfortune is that treasures have also been left behind and it took a great deal of effort to find them, including everything related to the source of life.

Access to the holy has been protected by religions by relegating it to the inaccessible, covering it with veils that only the corresponding guardians controlled. Those who discovered and announced the way to reach the source were often executed, burned or crucified. And so we have been for centuries. What characterizes our time today is the coexistence of a free market that seeks to commodify everything that can be turned into a good or service with the involution of traditional religions stripped of the credibility and strength they had in the past. On the one hand we have all kinds of spiritual products for sale and on the other hand the writings and testimonies of these ancient traditions. It is therefore possible to learn from the efforts made by others to open up routes that connect us to life and give us meaning.

The challenge remains the same as thousands of years ago. To realize that the sources of life cannot be too far away from the beings who enjoy that state and that that life we experience unites us with those who also enjoy it, enjoyed it or will enjoy it.

When we manage to relate to that part of ourselves that we call the source of life, it is easier to find meaning and balance in the circumstances that touch us. When we fail to do so, we are exposed to overload and hopelessness and consequently to end up buying substitutes that do not satisfy our thirst for meaning and transcendence.

It is in vital crises, diseases and losses that the importance of access to a source of life becomes most evident. Without this possibility, the remedies, care and pills will not produce sufficient relief no matter how large the diagnostic and treatment coils are.

Health professionals often don't have time to stop and ask questions about issues so seemingly far removed from the physical and bodily problems that keep them busy. The existential sphere of the person is overlooked as if it did not exist or was a business far removed from its competence. Maybe it's a mistake. Just as it is not possible to separate the physical from the psychological, neither will it be possible to separate the social and existential. But just as there are psychologists and social workers to deal with the corresponding problems, who will deal with spiritual and existential issues when they have a strong impact on the person's reality and health?

The thirst for meaning and hope impels us as a society and as individuals to seek the water that quenches it. However, it is not precisely the most economically developed countries that are best able to meet this need. Rather, they distract it by providing infinite content, goods and services that temporarily quench that thirst.

The one who dares to walk in his garden ends up knowing it and sooner or later he will find the fountain. Whoever drinks from it once will not be able to stop because its water really quenches the thirst for life. The day will come when this act will seem to us to be daily and elementary. The survival of the species may depend on generalizing this source of meaning.





Muchas tradiciones nos hablan de la fuente de la vida incluyendo narraciones paralelas como la de la eterna juventud, el santo grial y otras búsquedas. En ellas encontramos el anhelo del ser humano por vivir y trascender la limitación de la muerte. Ese deseo imperioso ha generado cosmologías, mitologías y religiones, construido pirámides, zigurats y templos. En pocas palabras: ha impulsado a los seres humanos a buscar un sentido. 

En cada época esa búsqueda se ha concretado de diferentes maneras. Se enviaban exploradores a los confines del mundo, se concentraban las miradas en la noche estrellada, se dedicaban esfuerzos al estudio y la meditación o se construían espacios y edificios. Hoy parece buscarse sentido en la ciencia y la tecnología y muchos encuentran vida o juventud en la cirugía estética o los placeres vanos como por otra parte se ha hecho siempre. También encontramos vendedores de sentido en sectas o productos de la nueva era que ofrecen viejas perlas de sabiduría convenientemente maquilladas. Nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo la gente común parece haber olvidado el acceso a las fuentes de vida que si bien siguen manando lo hacen con un leve rumor que el estruendo de cotidianidad borra por completo. Las sociedades modernas parecen dar la espalda a las religiones y a los místicos que conocían esos angostos caminos. Los dogmas de fe, jerarquías, estructuras de otros tiempos y morales rígidas han alejado a muchos. La desgracia es que también se han dejado atrás tesoros que costó gran esfuerzo encontrar, entre ellos todo lo referente a la fuente de vida.

El acceso a lo santo ha sido protegido por las religiones relegándolo a lo inaccesible, cubriéndolo con velos que solo los guardianes correspondientes controlaban. A los que descubrían y anunciaban la forma de llegar a la fuente los solían ajusticiar, quemar o crucificar. Y así hemos estado durante siglos. Hoy lo que caracteriza nuestra época es la coexistencia de un libre mercado que trata de mercantilizar todo lo susceptible de ser convertido en bien o servicio con la involución de las religiones tradicionales despojadas de la credibilidad y fuerza que tuvieron en el pasado. Por un lado tenemos pues todo tipo de productos espirituales a la venta y por otro los escritos y testimonios de esas antiguas tradiciones. Es posible por tanto aprender del esfuerzo que otros hicieron por nosotros para abrir rutas que nos conecten con la vida y nos aporten sentido. 

El reto sigue siendo el mismo que hace miles de años. Darnos cuenta de que las fuentes de vida no pueden estar muy alejadas de los seres que gozan de ese estado y que esa vida que experimentamos nos hermana con aquellos que también la disfrutan, la disfrutaron o habrán de disfrutarla.

Cuando conseguimos relacionarnos con esa parte de nosotros que denominamos fuente de vida es más sencillo hallar sentido y equilibrio frente a las circunstancias que nos toquen. Cuando no lo conseguimos estamos expuestos a la sobrecarga y la desesperanza y en consecuencia a terminar comprando sucedáneos que no nos sacien la sed de sentido y transcendencia.

Es en las crisis vitales, las enfermedades y las pérdidas donde más evidente se hace la importancia de acceder a una fuente de vida. Sin esa posibilidad los remedios, cuidados y pastillas no producirán el suficiente alivio por grandes que sean las espirales de diagnóstico y tratamiento que se generen.

Los profesionales de la salud no suelen tener tiempo para detenerse a preguntar sobre cuestiones tan aparentemente alejadas de los problemas físicos y corporales que suelen mantenerles ocupados. La esfera existencial de la persona se pasa por alto como si no existiera o fuera un negociado alejado por entero de su competencia. Tal vez sea un error. Igual que no es posible separar lo físico de lo psicológico tampoco lo será con lo social y existencial. Pero así como existen psicólogos y trabajadores sociales para atender los correspondientes problemas, ¿quién se ocupará de las cuestiones espirituales y existenciales cuando estas afecten vivamente la realidad y la salud de la persona?

La sed de sentido y esperanza nos impele como sociedad y como individuos a buscar el agua que la sacie. Sin embargo no son precisamente los países más desarrollados económicamente los que consiguen calmar mejor esta necesidad. Más bien la distraen proveyendo de contenido, bienes y servicios infinitos que calman esa sed temporalmente. 

El que se atreve a caminar por su jardín termina conociéndolo y más tarde o más temprano encontrará la fuente. Quien bebe de ella una vez no podrá dejar de hacerlo porque su agua calma de verdad la sed de vida. Llegará un día en que este acto nos parezca cotidiano y elemental. La supervivencia de la especie tal vez dependa de generalizar esa fuente de sentido.








jueves, 7 de junio de 2018

El espejismo de las redes sociales virtuales




Sacar el teléfono del bolsillo y mandar un mensaje que en potencia podría llegar a miles de personas nos hace sentir bien. Lo mismo ocurre al recibir muestras de reconocimiento en forma de notificaciones, corazoncitos, "me gusta", fotos o demás contenido. Es un engaño bien traído. Salvo excepciones cada cual recibe proporcionalmente a lo que da. Habitualmente menos.

Los que ganan verdadero reconocimiento son muy pocos, menos del uno por ciento de la gran pirámide social. Y no son precisamente los mejores investigadores, ingenieros, artistas o profesionales, son youtubers, jugadores de juegos virtuales, cantantes o cantamañanas de distinta procedencia. 

Algunos creímos que Internet y los nuevos medios iban a horizontalizar la comunicación social pero no ha sido como esperábamos. Es verdad que nuestras listas de contactos virtuales superan por mucho a los reales pero lo que se da y recibe de ellos no deja de ser un juego de sombras que cada vez nos roba más tiempo y energía.

En las sociedades urbanas desarrolladas se está implantando rapidísimamente esta nueva forma de socializar. Miramos más nuestras pantallas que a los que tenemos alrededor en nuestros desplazamientos, lugares de trabajo y cada vez más mientras comemos. Es frecuente ver grupos de chavales por la calle sentados en la acera cada cual con su teléfono en la mano o a parejas cenando en restaurantes que en lugar de dar conversación a su acompañante atienden sus móviles con caras aburridas. 

Y esto solo es el principio. En poco tiempo se generarán ambientes de realidad virtual inmersiva que serán mucho más atrayentes y adictivos para socializar que el tedioso mundo real. También surgirán asistentes sociales personales que nos pondrán en contacto con perfiles predeterminados de cualquier lugar del mundo al nivel de interacción que se desee.

Dentro de las consecuencias de estos enormes cambios están la dispersión y el despiste por un lado y la pérdida de referentes y relaciones importantes por otro. Se generará entretenimiento pero también mucha soledad y empobrecimiento social dado que el aumento de redes virtuales se llevará a cabo disminuyendo los tiempos y atención que dedicamos a las reales.

Esta faceta de empobrecimiento y enfermedad social no es mostrada por nadie cuando se presentan los teléfonos, aparatos y aplicaciones recién diseñadas al igual que no se habla del dolor de espalda y la debilitación osteomuscular que produce el sedentarismo derivado, entre otras cosas, de la potente industria automovilística. 

Vamos a mundos en los que se caminará menos y permaneceremos más tiempo sentados. Mundos en los que cada vez pasaremos más tiempo  en clave virtual usando máquinas a las que descuidadamente cederemos nuestra memoria, datos personales, gustos, localización y deseos. Máquinas que con semejante información no tendrán mayor dificultad de hacer con nosotros lo que quieran.

jueves, 31 de mayo de 2018

La decadencia de los grandes templos









Europa dispone de una enorme herencia cultural que queda de manifiesto en las obras de arte y en la arquitectura que la engalana. Dentro de ella destacan las grandes iglesias que desde la edad media a nuestros días se han ido levantando según las diferentes corrientes estéticas de cada tiempo. Enormes edificios diseñados para facilitar el encuentro del pueblo con una trascendencia para la que no se escatimaban medios. Las músicas más refinadas, la pintura más delicada, la escultura de mayor calidad, las vidrieras, trabajos de forja, ebanisteria y demás artes y oficios se ofrecían a quienes entraban en un lugar considerado sacro por albergar la presencia de lo innombrable.

Hoy se están perdiendo esos usos y costumbres. Se sustituye el uso sagrado del lugar por el turístico, la oración por las fotos, la liturgia por las colas y aglomeraciones de visitantes que lo miran todo sin saber bien qué significa lo que ven. Es la sociedad del espectáculo que gusta del oropel, el lujo y el ornato pero no entiende el valor del silencio, la mística o la invisibilidad de lo que los sentidos no llegan a mostrar.

En lugar de peregrinaciones la gente se mueve empujada por marchantes y tour operadores que organizan viajes intensivos en los que es necesario visitar incontables atracciones al modo de las abejas que van de flor en flor. No hace falta profundizar, basta con disparar fotos que luego acabarán olvidadas en algún servidor lejano de Internet.

Este fenómeno de superficialidad extrema se extiende a otros muchos ámbitos como el sanitario que es de alguna forma uno de los sustitutos de la religión tradicional. Sus grandes hospitales, sus profesionales con ropas y lenguajes arcanos, remedan los cultos antiguos ahora travestidos en su adoración a la Salud, el Bienestar y la Belleza. De este modo el uso del hospital o el centro de salud cada vez se banaliza más. Basta con tener un resfriado o un grano sospechoso para acudir a sus servicios de urgencia donde saldremos con las respectivas pruebas diagnósticas, nuestro informe y nuestro tratamiento que con gran frecuencia incluirá antibióticos o ansiolíticos que probablemente estén de más. La relación cuasi-turística o superficial que cada vez está mas normalizada entre ciudadanía y sistemas sanitarios está vaciando de sentido a estos últimos como pasó con los templos de los que antes hablábamos. La gente quiere soluciones  rápidas y fáciles a sus malestares y sensaciones físicas desagradables, queremos cantidad en lugar de calidad, menores precios en vez de servicios con valor que nos exijan algún pago o esfuerzo.

Cuando acudo a alguna vieja catedral trato de hacer un poco de silencio interior. No es fácil entre tanto visitante moviéndose deprisa cámara en mano. Gusto de encender una vela acordándome de aquellos que ya dejaron esta luz y pido que los que aún estamos vivos podamos ver y entender lo que tenemos delante. Estamos perdiendo el sentido de las cosas importantes, la trascendencia se convierte en producto y distracción, la salud también. Como médico me cuesta asumir estos cambios pero he de admitir que son imparables. No sé si terminaremos viendo autobuses de japoneses visitando los grandes hospitales públicos o a ciudadanos haciéndose selfies con sus sanitarios, pero sí que el anterior orden de cosas tiene los días contados.








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lunes, 28 de mayo de 2018

Cuidar con sentido





Cuando la doctora Ángela López del hospital San Juan de Dios del Aljarafe me propuso hace unos meses participar con su equipo en una jornada sobre el cuidado con sentido no pude negarme. La iniciativa ponía el dedo en una de las llagas más delicadas del momento, la pérdida de sentido generalizada y global que también afecta al mundo de la salud.

En las últimas décadas las fuerzas del mercado y otras variables socioeconómicas han empujado con fuerza para convertir el valor de la salud en un producto mercantil. De este modo se crean productos y servicios consumibles basados en una deseo creciente de más y mejor salud. Este mercado tiene una alta rentabilidad, mueve ingentes cantidades de dinero y genera un interesante porcentaje de actividad económica. El problema es que estamos perdiendo el sentido de cuidar, tanto los gestores como los profesionales de la salud y los propios pacientes y familiares.

En la jornada que tuvo lugar el pasado 25 de abril participaron intelectuales de la talla de Francisco Alarcos y Francesc Torralba que enmarcaron el tema haciendo referencias a la historia de la medicina y a los retos que afronta una sociedad que centra la salud en el cuerpo olvidando el alma. La ciencia lleva tiempo produciendo grandes avances en el mundo sanitario centrada como está en lo mensurable pero ¿qué consecuencias tiene dejar atrás la dimensión existencial del ser humano, esa que no puede ser medida?

José Luis Bimbela ofreció su punto de vista de experto en comunicación. Es necesario mejorar la forma en que los profesionales sanitarios comunican para poder llegar a entender y acompañar debidamente el sufrimiento y la dificultad. Por mi parte añadí que parece necesario evolucionar el concepto bio-psico-social de las ciencias de la salud a una tétrada que incluya la dimensión existencial que tiene en cuenta los valores, prioridades, creencias, deseos y sentido de la persona en tiempo de enfermar. Si no somos capaces de mirar al ser humano en su totalidad será normal que con frecuencia los pacientes se sientan "no vistos" y se quejen de que sus profesionales de la salud "ni les miran".

La directora de enfermería Mercedes Vacas nos ilustró con abordajes hospitalarios de esta dimensión que se valen de musicoterapia, arteterapia, voluntariado y otras muchas opciones en las que los hospitales de San Juan de Dios son pioneros.

Queda mucho por hacer. El primer paso es reflexionar y tratar de entender qué se puede hacer para conseguir una asistencia sanitaria más humanizada, más integral y más completa. El reto es grande, es verdad que se requiere tiempo para poder ampliar una anamnesis apropiada pero también lo es que hace falta conciencia y voluntad para hacerlo.

Agradezco al comité organizador de las jornadas y a la dirección que las hizo posibles su sensibilidad y su esfuerzo para que los profesionales de la salud reencontremos el sentido del cuidado y podamos ayudar mejor al que padece.




viernes, 25 de mayo de 2018

El cansino llanto sanitario no mueve molino







Desde que tengo uso de razón he escuchado el llanto de los profesionales sanitarios de este país en sus diferentes estilos y manifestaciones. Se quejan desde un punto geográfico al opuesto, tanto en grandes hospitales como en pequeños consultorios, protestan los más jóvenes pero también los mayores... Y entre queja y queja no dejamos de darnos pullas y codazos unos a otros.

Las pocas veces que se ha conseguido algo ha sido al  unir al personal, un ejemplo claro fueron las mareas blancas de Madrid que consiguieron frenar un enorme plan privatizador. El hecho es que las cosas van a peor con una financiación menguante, una gestión que prioriza intereses políticos y no generales y unos profesionales cada día más quemados.

Hace mucho tiempo me di cuenta de que un servidor no podría jamás vislumbrar cómo arreglar el sistema sanitario. También vi claramente que el barco se hunde irremisiblemente con el beneplácito de todos, orquesta a la que pertenezco incluida.

Por eso concentro mi energía en tratar de pasar consulta con dignidad en un pequeño pueblo. Hacer las cosas lo mejor posible. Seguir estudiando, leyendo y formándome para que mis pacientes tengan delante un médico capaz. Tratar de mejorar la escucha y las habilidades de comunicación. Mantener las ganas de ofrecer el mejor servicio posible con los medios que tengo.

A veces me seguiré quejando, discúlpenme por ello, intentaré no dar en exceso la brasa. La sanidad pública es una construcción social y será la sociedad quien la defienda o permitirá que se hunda y los políticos y responsables de alta gestión los que detentarán la responsabilidad de permitirlo. Desde esta humilde atalaya verán que hacemos todo lo posible por azuzar la reflexión y la toma de conciencia, tal vez no sea suficiente pero no me da para más.



lunes, 21 de mayo de 2018

Contagiar optimismo. Spread optimism. 傳播樂觀.



傳播樂觀。



詹姆斯羅德斯是一位當代作曲家,我認為這是一位勇敢的人,原因有三。第一個是敢於成為鋼琴家,第二個是有尊嚴的傳記充滿困難,第三個是能夠分享。

在過去的幾個月中,我收到了這位音樂家的一些禮物,因為他通過他的書來找我。我已經能夠觀看一些視頻並聽他的音樂,我發現他目前住在馬德里,前幾天我在ElPaís報上的一篇精彩的文章中讀到他的話。在這篇專欄文章中,他提出了捍衛西班牙生活方式的懇求。

我仍然覺得有人必須從外面來捍衛我們自己譴責或不承認的地方價值。在這些壞消息時代,醜聞和腐敗對社會共存有些壞處,似乎有必要尋找改變我們願景的因素。樂觀情緒會很好。這就是為什麼我今天要把羅德斯帶上來,因為他的榜樣可能會幫助很多人。正如使用神奇的話語要禮貌地付出很少的代價並且感謝你,如果我們能夠認識到生活提供的好東西並且將它們表達出來,我們將會受益匪淺。

作為一名醫生,我建議你保持樂觀,比壞消息和醜陋問題的反面更重要。敢於關閉電視新聞,並且更加意識到我們周圍的美好事物。讓我們能夠感謝有人擺在我們面前的這道菜或服務員,店員或為我們提供服務的專業人員提供的小服務。讓我們認識到夜空中有云或星星的奇蹟。

所以我鼓勵你尋找一位樂觀的,或至少是音樂家或詩人。如果那個樂觀主義者是你,那就更好。



自動翻譯,對錯誤抱歉。





SPREAD OPTIMISM.



James Rhodes is a contemporary composer who I consider a brave man for three reasons. The first for daring to be a pianist, the second for carrying with dignity a biography full of difficulties and the third for being able to share it.

In the last months I have received several gifts from this musician since he came to me through his book. I have been able to watch some videos and listen to his music, I found out that he currently lives in Madrid and a few days ago I read his words in the newspaper El País in a marvellous article. In it he makes a plea in defence of the Spanish way of life, in a column that distills optimism.

It still strikes me that someone has to come from outside to defend the local values that we ourselves denounce or do not recognize. In these times of bad news, scandals and corruption that are somehow gangrenous to social coexistence, it seems necessary to look for elements that change our vision. An epidemic of optimism would be nice. That's why I'm bringing Rhodes up today because his example may help many. Just as it costs very little to be polite using the magical words please and thank you, we would benefit greatly if we were able to recognize the good things that life provides and verbalize them.

As a doctor, I recommend you to be optimistic, it is more important than doing the opposite with bad news and ugly problems. Dare to turn off the TV news a little and become more aware of the little good things that surround us. Let's be able to be grateful for the dish someone put in front of us or the small service that the waiter, the clerk or the professional who serve us provides. Let us realize the wonder of having clouds in the sky or stars in the night.

So I encourage you to look for a referring optimistic, or at least a musician or a poet. And if that optimist is you, so much the better.






James Rhodes es un compositor contemporáneo al que considero un valiente por tres razones. La primera por atreverse a ser pianista, la segunda por llevar con dignidad una biografía plagada de dificultades y la tercera por ser capaz de compartirlo.

En los últimos años he recibido de este músico varios regalos desde que llegó a mí por medio de su libro. He podido ver algún vídeo y escuchar su música, me enteré que actualmente vive en Madrid y hace unos días pude leer un artículo suyo en el periódico el País que no tiene desperdicio. En el mismo hace un alegato en defensa del modo de vida español, en una columna que destila optimismo.

Me sigue llamando la atención el que tenga que venir alguien de fuera a defender los valores locales que nosotros mismos denostamos o no reconocemos. En estos tiempos de malas noticias, escándalos y corrupciones que de alguna manera están gangrenando la convivencia social parece que es necesario buscar elementos que nos cambien la visión. Una epidemia de optimismo estaría bien. Por eso traigo hoy a colación a Rhodes dado que su ejemplo quizá pueda ayudar a muchos. Del mismo modo que cuesta muy poco ser educado y pedir las cosas por favor o dar las gracias, aprovecharíamos mucho si fuéramos capaces de reconocer las cosas buenas que la vida nos provee y lo verbalizaramos.

Como médico les recomiendo contagiarse de optimismo, trae más cuenta que hacer lo propio con malos rollos y noticias nefastas. Atrévanse a apagar un poco el telediario y a tomar más conciencia de esas pequeñas cosas buenas que nos rodean. Seamos capaces de agradecer el plato que nos ponen por delante o el pequeño servicio que el camarero, el dependiente o el profesional que nos atiende nos provee. Démonos cuenta de la maravilla de tener nubes en el cielo o estrellas en la noche.

Por eso les animo a que se busquen a algún optimista de cabecera, o por lo menos a algún músico o algún poeta. Y si ese optimista es usted, muchísimo mejor.





viernes, 18 de mayo de 2018

¿Cuándo es suficiente salud?






Trabajar con pacientes a diario me permite tomar el pulso a una sociedad que parece no estar nunca satisfecha con su nivel de salud. Un gran número de las consultas que acuden a mi consulta se resolverán con autocuidados y en un breve periodo de tiempo. El problema surge cuando la persona quiere soluciones inmediatas. Por mucho que queramos aun no es posible reducir el tiempo de un catarro o de una tos irritativa pese a que estemos rodeados de productos comerciales que lo anuncien a los cuatro vientos omitiendo la evidencia de que su eficacia es cuestionable. 

Comparto la siguiente reflexión que se ha editado en mi columna del Huffpost.







Haber equiparado salud a bienestar nos ha metido en un callejón sin salida. No basta con tener agua corriente en el grifo, alimentos abundantes en la nevera o vacunas y fármacos que nos protegen de un sin fin de problemas. Pareciera que una antigua maldición hace surgir nuevas dificultades según se van resolviendo las anteriores.


¿Alguien conoce a alguna persona que no tenga problemas de salud? Cada vez es más difícil, sobretodo en una época en la que basta un catarro o una indisposición intestinal para que salten todas las alarmas, pidamos cita urgente en el médico y experimentemos una completa alteración de nuestros hábitos y rutinas.  Quien no tienen un dolor tiene un agobio, quien no tiene sobrepeso tiene problemas de sueño... Basta con rascar un poco y cualquiera te contará su lista de miserias.

Nadie nos explica que la vida lleva inevitablemente aparejadas pequeñas molestias que no requieren asistencia sanitaria alguna y se resolverán con algo de tiempo y cuidados sencillos. Al disponer de servicios de salud muy accesibles terminamos sobreusándolos y con ello nos acostumbramos a que para cualquier cuestión menor lo normal sea hacer una visita al centro de salud o al servicio de urgencias de turno.

Esto condiciona que los padres sobreacudan a las consultas por cualquier mínima cuestión que presenten sus hijos, los más mayores acudan incontáblemente por lo mismo y los jóvenes consulten por cualquier síntoma que noten. Estamos perdiendo la habilidad de cuidarnos a nosotros y a nuestros seres queridos y eso está haciendo entre otras cosas que seamos una de las sociedades que más fármacos consume o que más visitas al médico hacen.

La cuestión además de ser económicamente insostenible es socialmente inadmisibible. Delegar algo tan importante como la autonomía en el autocuidado a servicios externos nos inmunosuprime socialmente. Y el mazazo vendrá cuando aparezcan elementos que limiten la accesibilidad a estos servicios. Cuando uno se acostumbra a un grado de consumo es duro ir a menos.

Por eso invito a reflexionar sobre cómo manejamos y asumimos las dificultades de la vida ordinaria y las pequeñas cuestiones que afectan la salud. Sin una toma de conciencia personal de esta situación será imposible mejorar la gestión de estos problemas, mucho menos de las crisis vitales que inevitablemente vendrán. El papel educativo que deberían tener los profesionales de la salud está muy limitado por el poco tiempo disponible por paciente. Llevamos años sin hacerlo de forma suficiente. Por eso hace falta que sea la propia sociedad la que se dé cuenta y actúe en consecuencia. Hay mucho más en juego de lo que imaginamos.


Vídeo vía Javier Galeano

miércoles, 16 de mayo de 2018

Yo quiero ser José Luis Bimbela




En el ámbito de las ciencias de la salud tenemos claro que la comunicación es un elemento fundamental. Sin embargo los modelos educativos imperantes no la dotan de la importancia que merece. De este modo es habitual encontrar profesionales de la salud excelentemente formados que paradójicamente muestran claras deficiencias en habilidades comunicativas con sus compañeros y pacientes.

Hace años tuve la suerte de conocer a José Luis Bimbela, psicólogo y profesor en la Escuela Andaluza de Salud Pública, desde entonces he podido aprender y colaborar con él en diferentes proyectos, el último hace unos días en Sevilla. Hacen falta personas como él que aúnan una gran capacidad de comunicación con una formación privilegiada y una dimensión humana cultivada.

La formación continuada en habilidades de comunicación es fundamental para todo profesional de la salud. Para esto se requiere teoría y práctica. Y si me permiten añadir algo más propondría referentes o personas que nos inspiren.




jueves, 10 de mayo de 2018

Selección natural de organizaciones sanitarias






La teoría de la selección natural ayuda a entender la evolución de los seres vivos pero también tiene interesantes aplicaciones en sociología y diseño de organizaciones. Las estructuras sociales que cuidan a sus miembros, producen valor y minimizan efectos indeseables (contaminación, explotación laboral, injusticia) medran y las que no lo hacen terminan colapsando.

Los sistemas sanitarios contemporáneos tienen un diseño industrial dado que tratan a los profesionales de la salud como a operarios y a los pacientes como producto a lo largo de enormes cadenas de servicios de diagnóstico y tratamiento. Es un enfoque que produjo ventajas de gestión en su tiempo pero que la complejidad social actual ha dejado obsoleto. Los recursos humanos hiperespecializados han de ser cuidados mejor para que no se malogren o escapen a otras organizaciones y los pacientes también para conseguir mejores resultados en salud y reducir el sobrediagnóstico y sobretratamiento imperante.

¿Es posible una asistencia sanitaria humanizada si los profesionales trabajan en condiciones deshumanizadas?

La sobrecarga asistencial, los entornos laborales hostiles (ruido, interrupciones, tensión laboral, ausencia de descansos...) y las condiciones laborales precarias (contratos basura, poca estabilidad, plantillas mal dimensionadas...) maltratan a los trabajadores que se suponen han de cuidar la salud de otros.

El aumento de complejidad en poblaciones envejecidas con pluripatología cuyos miembros más jóvenes y sanos cada vez se sienten más enfermos y dependen más de los sistemas sanitarios están produciendo una tormenta perfecta para los profesionales de la salud que ven como cada día sus condiciones laborales empeoran y se les exige más por todas partes.


No es casualidad que la medicina haya sido una profesión liberal durante siglos. Industrializarla tiene ventajas y desventajas pero dado el panorama actual conviene revisar las segundas no sea que terminemos malogrando un servicio que no será fácil de sustituir por robots y protocolos automatizados.



miércoles, 25 de abril de 2018

¿Cómo integrar la dimensión existencial en clínica?





Desde hace décadas en medicina de familia usamos un enfoque biopsicosocial ante la compleja realidad de nuestros pacientes que compartimos con las enfermeras y trabajadoras sociales que trabajan codo con codo con nosotros en Atención Primaria. No parece suficiente a tenor de los retos que enfrentamos. Cada vez hay más personas enfermas con situaciones complejas y más personas sanas con necesidades de salud no satisfechas. No damos a basto ni con unos ni con otros.

¿Y si tuviéramos delante algo que no estamos viendo? ¿Y si además de las necesidades de salud física, psicológica y social hubiera un hambre existencial no suficientemente atendida que afecte a las demás dimensiones?

¿No hay acaso desesperanza en el anciano que nos dice que quiere morirse? ¿Y falta de sentido en el ejecutivo sobrecargado que nos pide la baja por no aguantar más? ¿O confusión de valores en el joven que no sabe que hacer con su vida y acude por conductas dañinas para su salud?

¿Quién atiende las cuestiones existenciales en nuestra sociedad? La respuesta no está clara, lo que si parece meridiano es que lo servicios de urgencias, centros de salud y hospitales cada vez están más llenos de gente que en algunos casos sale de ellos aliviada y en otros no.

Encontraremos voces que digan que quizá los servicios sanitarios no sean el mejor lugar para atender esta dimensión humana pero parece necesario abrir una reflexión sobre cómo adecuar las carteras de servicios, la comunicación y la atención profesional para por lo menos reconocer, acoger y orientar de forma suficiente.

Hoy dedicaré el día a reflexionar sobre estos temas con excelentes compañeros en el hospital del Aljarafe, Sevilla. El programa de la jornada es amplio e interesante. Compartiré en Twitter alguna idea fuerza por si les place participar a distancia, usaré la etiqueta #CuidandoConSentido



Comparto un vídeo resumen:





lunes, 23 de abril de 2018

El valor de los libros







Los libros son alimento. Aportan ideas, narraciones, historias e imágenes fundamentales para nutrir el intelecto y la existencia. Permiten una comunicación asíncrona con autores de cualquier tiempo y cualquier lugar abriendo la puerta a una comunión e intimidad que otros canales no producen. Por eso me parecen asombrosos.

En cualquier época han facilitado el aprendizaje y la ensoñación. Han logrado tender puentes sobre la sinrazón, el odio o la violencia. Nos han llevado a mundos nuevos dándonos a conocer infinidad de personajes.

La mejor forma de celebrar este tesoro es leyendo y compartiendo. De esta forma llegará un día en que nos demos cuenta de que todos tenemos algo que contar y nos pongamos a escribir. Tal vez un verso, quizá una carta, a lo mejor un libro.

Porque todas las ideas y palabras pertenecen a quien las recibe y entrega. Todos los libros son de quien los crea y de quien al leerlos les da vida. Es hermoso pertenecer a este misterio que va hilvanándonos a los que ya se fueron y a los que aún no llegaron. Que nos hermana con lenguajes arcanos y páginas por entero desconocidas.

Que la lectura te sea propicia para que tus palabras puedan serlo para otros.






viernes, 20 de abril de 2018

Cuida tu dieta digital






Merece la pena consideralo: ¿cómo te alimentas de información?

Nuestros mayores usaban la radio, la tele y la prensa. Hoy la mayoría consume contenidos digitales a mansalva. Mensajes de Whatsapp, redes sociales, correos electrónicos... inundan nuestros teléfonos y ordenadores aportando una ingente cantidad de ruido.

Al igual que aquellos que no paran de picotear acaban padeciendo obesidad los que lo hacen con la información digital terminan aislados, sobrecargados, distraídos y aturdidos. La obesidad digital nos llena de ingentes cantidades de grasa informativa de poco valor y reduce la fibra magra cerebral que es la que genera creatividad, contacto humano y verdadero disfrute.

Merece la pena reflexionar cómo nos relacionamos con lo digital: con nuestros aparatos, con los programas o aplicaciones que utilicemos y con las redes digitales en las que decidamos estar.

Es importante aprender a comer bien. También lo es aprender a relacionarnos correctamente con el mundo digital, tanto para nosotros mismos como para aquellos que nos rodean. Educar para tener una saludable dieta digital es básico para una infancia que además de comer mal y moverse poco consume cantidades ingentes de contenidos de Internet.




Para los que quieran profundizar el tema Victor Sampedro lleva años dibulgándolo, comparto una entrevista suya en la contra de la Vanguardia y su libro.

lunes, 16 de abril de 2018

Medicina rural


Vincent Van Gogh. Paisaje en Saint-Rémy





Este blog permite compartir el itinerario narrativo de un médico que cree en el poder de la comunicación humana. En mi nueva andadura en un pequeño pueblo de la sierra encuentro muchos motivos de aprendizaje y reflexión. Lo primero: Una gran complejidad. Parece un contrasentido dado que aparentemente la vida rural es sencilla, pero basta una semana pasando consulta para que me tope con casos clínicos de una complejidad biológica, psicológica y social muy superior a la que existe en entornos urbanos. Hoy el primer paciente es centenario, me recibe en su domicilio, tras auscultarle pido una radiografía al no gustarme nada lo que oigo, luego en consulta se suceden personas aquejadas de cáncer, enfermedades vasculares severas o degenerativas, dolor mal controlado y otros muchos problemas registrados en historias clínicas electrónicas desordenadas por haber pasado por infinidad de manos. Me llama la atención atender a personas verdaderamente enfermas después de llevar años dedicado a los problemas urbanos de otras fundamentalmente sanas.

Lo segundo que constato es el enfado de fondo de mis pacientes que no me verbalizan por educación pero que se deduce de la pregunta que repiten inevitablemente casi todos: ¿se va a quedar doctor?. Y es que a los pueblos no quiere ir casi nadie a trabajar. Suelen estar lejos de donde viven los sanitarios y no se reconoce ni remunera la mayor dificultad del trabajo, el uso obligatorio de vehículo privado ni la mayor responsabilidad laboral. La rotación de médicos que han sufrido mis pacientes en los últimos tiempos fue muy alta tras la jubilación de su doctora de toda la vida, a la que no conocí pero me consta valoraban. Con seguridad sabía escuchar y eso se cotiza muy alto en entornos sanitarios. Cuando les digo que me voy a quedar se tranquilizan y me desean suerte, la voy a necesitar.

La tercera toma de conciencia tiene que ver con la gravedad de la patología. Ayer mis compañeras atendieron una taquicardia ventricular rápida en un joven. La UVI móvil tardó 20 minutos que se hicieron muy largos para ellas. En esta ocasión llegaron volando pero aquí todo está lejos, el hospital también.

Como novato en la plaza me toca amarrarme los machos y abrir mucho los ojos. Es fundamental escuchar bien lo que se dice y sobre todo lo que no se dice. Mirar a los ojos y dentro de ellos. Acoger el discurso, las heridas, los cuerpos y las psicologías de todos los que entran por la puerta. Algo que no podré hacer solo. Será fundamental la ayuda de los administrativos, trabajadoras sociales, enfermeras y médicas del consultorio y la de los propios pacientes. Además de buenas dosis de humor, serenidad y estudio. Si desea acompañarme lo iremos contando desde este blog.

jueves, 12 de abril de 2018

Día de (luto) de la Atención Primaria





No es fácil asumir que alguien querido nos ha dejado. En nuestro caso hablamos de la Atención Primaria con la que convivimos de cuerpo presente desde hace décadas. Una organización que nació con fuerza y esperanza y que llevaba agonizando mucho tiempo tras infinitas sangrías presupuestarias, ninguneos políticos y una nefasta gestión de recursos humanos.

La muestras de apoyo y parabienes que se hacen desde las altas instancias no han servido para evitar un desenlace anunciado. Los profesionales de los centros de salud están cansados, agotados, desmotivados. Apunto siete razones, hay muchas más:


1. Trabajan con sistemas informáticos no centrados en el paciente ni en el profesional. Despistan, interrumpen y malogran la comunicación clínica al introducir una pantalla entre unos y otros.

2. Trabajan en una situación mantenida de sobrecarga que aumenta cuando algún miembro del equipo falta por enfermedad o vacaciones y en los picos invernales o epidémicos.

3. Trabajan con poca autonomía profesional y de equipo siguiendo directrices de jerarquía piramidal propia de otras épocas.

4. Hay una enorme falta de liderazgo. Los gerentes no salen de sus despachos y los directores de centro no tienen competencias. El inmovilismo es pues la resultante.

5. Se maltrata a los profesionales jóvenes con contratos basura y a los senior negándoles la carrera y promoción profesional.

6. Se implementan protocolos clínicos no consensuados con los profesionales, programas y burocracia que no aporta valor demostrado y se mantienen funciones y servicios sin evidencia científica.

7. No hay una política de incentivación dentro de la organización. No se reconoce el mérito ni el trabajo bien hecho. Tampoco la innovación ni las buenas ideas.



Por eso cuando veo a algún político deshacerse en elogios y en "apoyo total" no puedo menos que torcer el gesto.





Sigo creyendo en el papel y en el servicio que la Atención Primaria puede prestar a la sociedad. Sigo teniendo claro que es fundamental para la salud de las personas y para el bien común que cada ciudadano tenga la mejor enfermera y médico general posible.

Pero si la sociedad no lo comparte habremos perdido algo más que un derecho.



miércoles, 11 de abril de 2018

El peso






The weight


During our professional practice time, doctors experience a feeling of inner weight derived from their constant treatment of the suffering and pain of others.  Inevitably, part of the stories, difficulties and miseries that we have to accompany remain stuck in our souls and occupy a remarkable place in the dream and unconscious space of those who listen to them. These days of change of place of consultation I notice it especially. I feel the voices of the thousands of patients that circumstances force me to leave behind to demand an attention that I can no longer provide. On the other hand, I am meeting new patients eager for care after a long time of alternating substitutes and temporary staff.

This constant weight is usually carried in many ways and most of the time we manage not to make it conscious. But this week I feel it especially accompanied by a tension that highlights my own limitation and lightness. The health, safety, sense and hope needs of the people are almost endless, just like mine. It is not easy to welcome and handle them with the attention, compassion and gentleness they deserve. That's why they have weight. If we ever learned to do it properly they would become light and we would walk like children, happy and carefree.





Los médicos experimentamos con los años de ejercicio profesional una sensación de peso interior derivada del trato constante con el sufrimiento y el dolor ajeno. Inevitablemente parte de las historias, dificultades y miserias que nos toca acompañar se quedan pegadas en el alma y pasan a ocupar un lugar destacable en el sueño y el inconsciente de quien las escucha. Estos días de cambio de consulta lo noto especialmente. Siento las voces de los miles de pacientes que las circunstancias me obligan a dejar atrás reclamar una atención que no les puedo seguir brindando. Por otro lado voy conociendo nuevos pacientes ávidos de cuidados tras un largo tiempo de alternar suplentes y personal temporal.

Este peso constante se suele sobrellevar de múltiples maneras y la mayoría de las veces conseguimos no hacerlo consciente. Pero esta semana lo noto especialmente acompañado de una tensión que pone en evidencia mi propia limitación y levedad. Las necesidades de salud, seguridad, sentido y esperanza de las personas a las que me dedico son casi infinitas, como las mías. No es fácil acogerlas y manejarlas con la atención, compasión y delicadeza que merecen. Por eso tienen peso. Si algún día aprendiéramos a hacerlo de forma apropiada se volverían livianas y caminaríamos como los niños, felices y despreocupados por la vida.


martes, 10 de abril de 2018

Berlín, Villalba, Miraflores.





Volver a empezar


El ejercicio de la medicina general es un camino que incluye todo tipo de experiencias. Una forma de andar en la que uno siempre es principiante. Es cierto que según pasan los años uno va mejorando su comprensión de la naturaleza humana y con ello sus habilidades profesionales, pero con todo la realidad supera la ficción, los protocolos y los textos escritos. La complejidad de las personas en tiempo de enfermar, su relación con la adversidad y los sentimiento que emergen de esta y la idiosincrasia de las crisis vitales chocan con la rigidez de un sistema sanitario donde abunda la sobrecarga, la mala gestión y el trabajo en cadena. Entre medias los profesionales de la salud defendiéndose como pueden de las elevadas exigencias de unos y otros.

A la hora de cambiar de centro de salud me encuentro con el duelo de perder unos compañeros de equipo con los que me he sentido como en casa. Gente excelente, buenos profesionales, que me han acompañado una década en una travesía en la que ha habido de todo. También pierdo un cupo de pacientes, una comunidad que he tratado de cuidar, acompañar y guiar por la tortuosa y accidentada senda de la enfermedad y la dificultad. Pero no todo es mirar atrás, estos primeros días en el nuevo pueblo que me acoge voy desgranando vidas y con ellas sufrimientos, procesos y dolores. Viajes a todo tipo de pruebas, tratamientos y especialistas de hospital. Hoy tuve que decir a tres personas que su problema no tenía solución médica y aporté la información de estilos de vida, movimiento y nutrición que sí podría favorecer una mejora. ¿Qué pasaría si los profesionales de la salud tuviésemos el suficiente criterio, conocimiento y humildad para hacer esto más a menudo?

Pasar consulta en un pueblo pequeño con un reducido equipo de compañeros sanitarios y muy pocos apoyos técnicos es un reto respetable. Hay que ser muy bueno para distinguir el trigo de la paja, la verdadera patología de lo que no lo es. ¿Sabré estar a la altura? La medicina rural es exigente, no tienes cerca recursos que te solucionen la papeleta cuando vienen mal dadas y  la responsabilidad es mucho mayor que en entornos urbanos donde es más fácil recibir apoyo de otros profesionales sanitarios.

En apenas siete días he estado en Berlín, Villalba y Miraflores. En Alemania pude estudiar y comprender ese tipo de cosas para las que tomar distancia es imprescindible. En Villalba me despedí de una década de trabajo, un equipo y dos mil cien pacientes. En Miraflores a penas comienzo a abrirme a la realidad de una comunidad rural envejecida con mucha patología biopsicosocial. Vuelvo a empezar, sigo siendo un médico principiante con ganas de aprender y ayudar a los demás. Espero que mi intención, ingenuidad y frescura se apoyen en las tablas que he podido ganar en estos años. Ojalá salga bien y lo pueda contar.

martes, 3 de abril de 2018

Despedida del doctor Casado a sus pacientes de Collado Villalba






Bella década
Infinitos encuentros
Pies descalzos.


#haiku




Entiendo el ejercicio de la medicina como un servicio que permite acercarse a realidades del mundo de la sombra como el dolor, el sufrimiento y la enfermedad. Y a la vez tratar de llevar un poco de luz en forma de alivio, compañía o consuelo a los que atraviesan tiempos de enfermedad o crisis vital. Es un reto que nos obliga a los profesionales de la salud a la máxima diligencia, esfuerzo y creatividad. Por eso me gusta lo que hago aunque sea consciente de que no es nada fácil dar la talla.


Durante los diez años que he servido en Collado Villalba han sido muchas las ocasiones que he tenido de aprender y tratar de ayudar. Doy las gracias a mis pacientes por su confianza y su paciencia con mis limitaciones y errores. Espero haber podido corresponder dignamente a sus expectativas y haber sido capaz de  escuchar, comprender y orientarles como merecían. Pido perdón por el daño que sin querer haya podido causar en las ocasiones en las que no haya intervenido con la suficiente vehemencia y por las que ocurrió lo contrario.


En este tiempo he dejado escritas más de dos mil quinientas páginas de reflexiones, consejos, información y poesía en este blog, publicaciones varias, redes sociales y en un libro. Todos esos canales quedan disponibles para quien desee seguir los pasos narrativos de este médico que continuará su labor en otro pequeño pueblo de la sierra madrileña.


Quedan en buenas manos. El equipo de administrativas sanitarias,  enfermeras y médicas, junto con el trabajador social, la auxiliar de clínica y la matrona de Collado Villalba pueblo es excelente; cuídenlo. Conozco bien la sanidad madrileña, sé de lo que hablo.


Les deseo salud, sentido y alegría. Cuídense y sean todo lo felices que puedan, la vida lo merece.





Breve la vida
Bella e infinita
Date cuenta.