miércoles, 15 de abril de 2015

Hoy prescribiré tiempo








Una de las características de nuestra época es que los adultos no tenemos tiempo. No contentos con eso tratamos que los niños tampoco lo tengan apuntándoles a una gimkana semanal de actividades extraescolares que aderezan con insufribles horas de deberes desde la más tierna infancia. El escritor Michel Ende lo plasmó con belleza hace unos años en su libro Momo en el que narra cómo unos siniestros hombres grises roban el tiempo de los hombres para... fumárselo. No les preguntaré quienes serían para ustedes esos oscuros personajes que se fuman su tiempo pero sí les invitaré a que lo piensen un momento.

Avancemos ahora un poco más. ¿Cuándo fue la última vez que hizo algo con tiempo suficiente? ¿cuándo se sintió sin apremio de tiempo?

Nuestra relación con el tiempo no es buena, una de las consecuencias que se deriva de ello es que nos hace enfermar. Cuando perdemos el tiempo de calidad, cuando nos olvidamos de vivir fuera de la tiranía del reloj algo se rompe por dentro y nos convierte poco a poco en sombras grises, seres agobiados que corren por la vida en tempestad de movimientos, infelices y sin tiempo.

Es una paradoja que además de recortarnos la sanidad, la educación, los servicios públicos y el sueldo nos recorten el tiempo. Pero ¿el tiempo no dependía de nosotros mismos? en principio sí, pero se han encargado de que seamos nosotros los que nos lo hayamos hipotecado a nosotros mismos.

El filósofo Byung-Chul Han, uno de los pensadores alemanes contemporáneos más interesantes, lo analiza perfectamente en su ensayo La sociedad del cansancio, hemos perdido nuestra energía por un exceso de positivismo, de hacer cosas, de no parar. Y lo peor es que a nivel laboral somos nosotros mismos los que nos autoexigimos hasta el paroxismo, agotándonos consiguientemente.

Por eso me parecía oportuno prescribir tiempo: hoy tómate tu tiempo.



Y de paso reflexiona cómo te relaccionas con tu tiempo, sea eso lo que quiera que sea.